17 junio 2009

Hasta el gorro

Se pasa el día y no he dejado unas líneas. ¿Motivos para escribir? Muchos. ¿Ganas? Pocas, y básicamente porque a uno de lo que le gustaría hablar es de que se percibe una mejora, de que alguien, aquí o allá, ha realizado un gesto valiente, ha tomado un riesgo para mejorar las cosas; pero es enchufar la tele o leer unas líneas del periódico y uno sólo siente que les están tratando de tomar el pelo. No, no me refiero exclusivamente a la insistencia mediática en la supuesta calidad de las novelas de Stieg Larsson con motivo del lanzamiento mañana de su última novela. También nuestros insufribles gobernantes insisten en tergiversar la realidad y vendérnosla con una sonrisa en los labios día sí día también. Zapatero, presidente de nuestro gobierno, no ha mostrado ningún rubor al señalar que su subida de esta semana en los impuestos indirectos en tabaco y gasolina era buena para los españoles, justificándolo con que durante su gobierno ha reducido la presión fiscal por debajo de los niveles en que la dejó el PP. ¿Pero qué tendrá que ver una cosa con la otra? Precisamente le debería dar más vergüenza, si se considera socialdemócrata (que uno ya llega a dudarlo), percibir que la media de la presión fiscal ha bajado, pues significa que los impuestos que pone a todos no compensan las pérdidas para las arcas públicas que ha supuesto retirar los impuestos a los más ricos. Pero lo dice satisfecho, consciente de que los suyos, los que le votan porque sí, se tragarán el engaño a pies juntillas y aún lo tomarán por progre.

Mal andan las cosas en la meseta, sin duda, pero es que uno mira hacia la terra y se espanta. Los peperos privatizan hasta las líneas del metro. "Para disfrutarla antes" dicen, como señalando sin rubor que si fueran ellos -como debieran- los que se ocuparan de realizar y mantener este servicio de transporte público, igual lo estrenaban nuestros nietos. La desvergüenza es poca, pero como ya tienen calado que el electorado aquí es de media bastante pasota y limitado, pues proponen soluciones estúpidas para los problemas que ellos mismos crean. ¿Que los andenes del metro se llenan porque la frecuencia de paso entre convoyes es tremenda? Pues ampliamos los andenes. Y así, noticia tras noticia, tomadura de pelo tras tomadura de pelo. A uno le entran ganas hasta de leer a Stieg Larsson para olvidarse de ellos. ¿Será también parte de la campaña?
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