13 mayo 2009

Sin vencedor y con derrotados

"Veo el debate del Estado de la Nación. Me reconozco un enfermo de este tipo de sesiones parlamentarias. Desde la transición. [...] Hoy también he seguido los discursos de Zapatero, Rajoy y demás. Noto que me estoy curando, siento que me estoy quitando, cada vez me cuesta más seguir las discusiones, cada vez me interesan menos. Por previsibles, por sobreactuados, por vacíos. La clase política está saturada de burócratas, de grises, de gente prescindible. La política malvive rebosante de mediocres que son capaces de insultar a quien está en el uso de la palabra sólo porque discrepa; atestada de perros de presa que sólo necesitan un gesto del jefe para lanzarse al cuello de cualquiera que les lleve la contraria. Eso sí, de su boca no va a salir nunca una sola idea que valga la pena, que aporte algo nuevo y bueno a la sociedad, que inunde de luz los problemas y las preocupaciones de los ciudadanos, ni un mínimo riesgo..."
Es parte de la columna de Julià Álvaro a propósito de la primera jornada del debate sobre el estado de la nación que tuvo lugar ayer. Personalmente coincido más con su visión, que con las crónicas entusiastas de unos y otros, siempre posicionados a la orilla de uno de los dos partidos con mayor representación parlamentaria, y que recurren a símiles bélicos o deportivos (con ganadores y perdedores) para resumir un debate que, de tener que ser tratado así, como un partido de fútbol, no sería sino una sucesión de tiros al palo, cuando no directamente a la grada. Nadie marca, nunca, y ayer no fue la excepción, por lo que los medios y los propios partidos recurren a sus simpatizantes para que transmitan sus sensaciones ("la mayoría de españoles opina", "los twitteros piensan"... chorradas). Aplausos de la bancada propia y abucheos e insultos de la ajena, jalonan varias horas de discursos hueros.

A Zapatero le tocaba resumir su gestión, pero básicamente dedicó su tiempo a anunciar una serie de medidas que podría ir desgranando a medida que su partido las ideara; pero que en cambio concentra en un único día, el que la población presta más atención, lo que desvela, no nos engañemos, el interés propagandístico para su figura y su partido que las acompaña. Si a ello le sumamos que son propuestas tibias y de cara a la galería -si lo de un ordenador portátil por niño lo hubiera dicho Camps nos lo merendaríamos-, cuando apenas dos días antes su aparato propagandístico anunciaba un espectacular viraje a la izquierda, la decepción no puede ser más grande. La figura de Zapatero como presidente del gobierno cada día se asemeja más, de cara al electorado de izquierda, a la de Felipe González. Y eso, no se equivoquen, no es un halago. Rajoy, en cambio, no decepciona. Es tan malo como esperan de él, tanto los militantes de su partido como sus detractores. Como apunta Álvaro en su columna, aspira "a que el poder caiga en sus manos como fruta madura", sabiendo que "no ofrece nada diferente". Lo mejor, como siempre, llegó con la intervención de los representantes del resto de grupos, y más interesante fue cuanto menos tiempo saben los portavoces que les van a dedicar los informativos. No se quivocan, en algunos medios les dedican hoy dos líneas. Así pues, un año más, se escenificó de nuevo un enfrentamiento en el que es difícil dilucidar si hay un vencedor, aunque cada vez parece claro quiénes son los derrotados: todos nosotros.

La imagen que ilustra la entrada es un fragmento retocado de una espectacular foto, original de Inma Mesa.

Publicar un comentario