19 mayo 2009

Empieza el desfile

Costa sonríe a su llegada al Palacio de Justicia mientras algunos viandantes le reciben a gritos de "¡ladrón!" y "¡sinvergüenza!" (Foto Manuel Bruque para EFE)

Esta mañana ha comenzado el desfile. Unos con mejor percha que otros; más de uno barajando si no será mejor ponerse el traje de corte industrial, adquirido forzado por las circunstancias, antes que aquel otro que le sienta tan bien. No obstante no se trata de un desfile de modelos, ni de popularidad, se trata de la comparecencia ante un juez, en particular de cuatro señores -el presidente de la Generalitat Francisco Camps, el secretario general del Partido Popular en la Comunitat Valenciana Ricardo Costa, el ex vicepresidente del Consell a las órdenes de Camps Víctor Campos, y al jefe de protocolo de la Diputación de Valencia Rafael Betoret- imputados (persona "contra quien se dirige un proceso penal", dice el diccionario de la RAE) por un presunto delito de cohecho y tráfico de influencias. Lo de los trajes es pues lo de menos. Lo mismo da un traje, una piruleta, unas vacaciones en Bangkok, la financiación irregular a su partido o una cuenta secreta en las Islas Caimán, si a cambio de ello nuestros gobernantes han beneficiado a un empresario. Eso es lo que se está juzgando, y por suerte, desde ayer sabemos que todos los responsables del Consell (entre ellos diez consellers) y funcionarios que contrataron con Orange Market, básicamente a dedo para evitar los controles legales, deberán declarar también ante el juez. Ahí está el meollo. Ahora será el Tribunal Superior de Justicia valenciano el que deberá dilucidar si tanto trapicheo, engaño, y contratación unilateral a empresas cercanas que leemos a diario en la prensa valenciana (básicamente en Levante-EMV y El País, todo sea dicho)*, amparado y aplaudido por el partido en el poder en la Comunitat Valenciana y sus correligionarios, es constitutivo de delito o, en cambio, se ha de considerar ya como un uso común y lícito de las instituciones. Demasiado hay en juego como para tomarlo en broma.

*Y sin que medien querellas contra los medios que publican la información por parte de los contratantes y los contratados. Por algo será.
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