15 abril 2009

Marina en dique seco

Iba la Copa América a abrir Valencia al mar, decía Rita Barberá entre otras cosas, para justificar el interés (y la inversión millonaria, por entonces no revelada y por ahora no pagada) del Ayuntamiento en que se celebrara la competición naútica en la ciudad cuyo destino comanda. Y es que la competición pasaría, pero dejaría en la urbe -aseguraba- una marina que supondría un nuevo centro de ocio para sus ciudadanos y visitantes. No obstante, la realidad, tozuda, se empeñó en desmentir su pronóstico, e inmediatamente al cesar la actividad competitiva que justificaba la curiosidad, el interés de la ciudadanía por la nueva construcción y sus restaurantes y bares de copas (con precios difícilmente justificables por lo elevados) se desvaneció. Y ya era un muerto, cuando se emplazó allí se empezó a construir en sus inmediaciones el circuito "urbano" de Fórmula 1, cuyas obras siriveron para justificar el vacío, y cuya disputa tampoco sirvió para revitalizar la marina el pasado año.

Así redescubríamos con los primeros calores la marina en 2009, anclada en dique seco, cuando hace unas semanas, en lugar de aceptar abiertamente el fracaso de anteriores decisiones y desde ese punto de partida enmendar la situación con nuevas ideas, Ayuntamiento y Generalitat se decidían por enrocarse en la mentira y anunciar una nueva competición velera por la que desembolsarían 18 millones de euros, que además de generar toda la prosperidad y empleos que no trajeron las anteriores, acercarían de nuevo a Valencia al mar. Al final, como sabrán, todo fue un brindis al sol y por ahora no habrá carreritas, pero la marina sigue ahí, atrayendo paseantes las soleadas mañanas de los domingos y poco más.

¿Pero es descabellado que la marina atraiga visitantes y se convierta en un destacado centro de ocio para valencianos y visitantes? Si la fórmula es la misma de antaño, cobrar unos alquileres desorbitados y no ejercer ningún control sobre la calidad de la oferta, seguramente sí. En cambio caben otras imaginativas soluciones. ¿Por qué, si es factible dar 18 millones a un millonario suizo para que haga unas regatas en la ciudad, no se contempla la posibilidad de sacrificar mínimamente el beneficio del arrendamiento de la zona comercial a cambio de que los restauradores que se instalen ofrezcan a diario -y no solo los fines de semana- una oferta de calidad y a precios muy competitivos? ¿Saber que puede disponer de una buena y económica oferta en un lugar privilegiado no acercaría a los valencianos a la marina? ¿No es ese el objetivo? No parece ese en cambio el plan (ni ninguno parecido) que seguirá el Consorcio integrado por Ayuntamiento, Generalitat y Gobierno, que anunciaban ayer en el BOE la oferta de los espacios por sumas entre 2.000 y 4.000 euros mensuales que podrían incrementarse dependiendo de sus ingresos. ¿Cambiará la situación de la marina aplicar una medida que no cambia nada? ¿Cuánto tiempo habrán dedicado nuestros representantes a decidir semejante plan? Al respecto me asaltan multitud de dudas. En cambio, sobre el futuro de la marina, a este paso, no me cabe ninguna.

PD: Levante-EMV publica hoy un artículo muy interesante sobre el asunto firmado por Hortensia García. También publica una información que se hace eco de que el Port Fòrum de Barcelona, gestionado por una empresa privada concesionaria, vive una situación similar. El modelo, en Valencia, Barcelona, o donde sea, resulta evidentemente fallido, pero los hay que siguen en sus trece antes de reconocer el fracaso y modificar su gestión.
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