01 abril 2009

Franquistas

El pasado sábado 28 se cumplían setenta años del último bombardeo fascista sobre la ciudad de Valencia durante la Guerra Civil (que acabó con la victoria de los golpistas hace hoy los mismo años) y, si no llega a ser por el trabajo de un periódico local, a los valencianos se nos pasa por alto. Lo que es lo mismo que decir que se nos pasó, pues por mucho que el diario sea el más leído de la Comunitat, su influencia no alcanza de lejos ni a una décima parte de los ciudadanos. Semejante despiste, ante un suceso tan significativo y una efeméride tan redonda, refleja bien a las claras el grado de olvido en que los ciudadanos situamos aquella contienda, la tragedia reciente más grande vivida por nuestro país al margen de la posterior dictadura franquista.

Ese olvido, que ni es justo ni positivo (la historia nunca ha de olvidarse), debería servir al menos para relajar a aquellos que todavía se empeñan en negar a las víctimas (y a sus familiares) de aquel atropello la justa recompensa del reconocimiento del oprobio del golpe -hay que eliminar la terminología fascista de "alzamiento" para referirse a lo que no fue sino un atentado a la democracia-, la condena de los golpistas y la posibilidad de enterrar a los suyos, repartidos muchos todavía por campos y cunetas de España. Estos gestos, además de justos y necesarios, a la vista está que tampoco removerían muchas conciencias y, tras aliviar a las víctimas, serían rápidamente sumados al resto de olvidos de la población, más preocupada del presente del equipo de sus amores, el estado de sus carteras y la posibilidad de disfrutar de un fugaz encuentro sexual.

En cambio hay un puñado de sujetos que desde sus puestos de poder siguen empeñados en defender los símbolos y figuras golpistas. Sin ir más lejos, la alcaldesa de Valencia Rita Barberá, que prácticamente coincidiendo con la efeméride de los bombardeos que dieron la estocada final a la democracia durante cuatro décadas y de la que no promovió ningún acto recordatorio, se cerraba en banda a despojar al dictador Franco del título de alcalde honorífico de la ciudad que se le entregó por un consistorio ya en manos del régimen. Personajes como ella -y cada uno de los que vota con ella en este sentido en el consistorio-, que entorpecen la asunción plena de los valores democráticos en este país y la condena del fascismo cuando sería lo más natural, los que ensombrecen la democracia española, pues dejan a las claras que algunos franquistas todavía campan a sus anchas por nuestras instituciones, empleándolas mientras les quede aliento , no sólo contra los que en su día fueron sus víctimas, sino contra todos nosotros. Ojalá España consiga algún día deshacerse definitivamente de estos franquistas, aunque sería conveniente que no se olvidara su ignominia y el triste papel que todavía hoy juegan entorpeciendo el avance del país hacia la democracia.

PD: El especial publicado el pasado sábado por Levante-EMV sobre los bombardeos pueden descargarlo en pdf desde aquí (visto en CuatroTipos).

+ Sobre Rita Barberá y sus simpatías por el régimen en el viejo post El "buen" alcalde. No olviden tampoco como trató la memoria de los represaliados enterrados en las fosas comunes del cementerio de Valencia y a sus familiares cuando ordenó trasladar sus restos con nocturnidad y alevosía a una cantera en Sagunto.
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