08 abril 2009

30 años

Cinco banderines del Bayern de Munich, un vetusto sofá en el que había reposado el "generalísimo" en una de sus últimas visitas a la ciudad (y por eso se conservaba como pieza venerada) y decenas de folios con el texto "los políticos pasarán pero nosotros quedaremos" dejados caer oportunamente por algún funcionario falangista, es toda la herencia de su predecesor franquista que Fernando Martínez Castellano encontró en el despacho del Ayuntamiento cuando accedió a él como primer alcalde de Valencia de la actual democracia. Una anécdota que, seguramente, se reproduciría con ligeras diferencias en multitud de municipios a lo largo y ancho del país.

Martínez Castellano la contó durante la presentación de un documental que, sobre aquél histórico día, está realizando el periodista valenciano Eduard Torres, lo que propició el recuerdo y el reencuentro. Fue una suerte para los que asistimos. Gracias a los testimonios recogidos en la filmación y al posterior debate, pudimos rememorar la complicidad que, al parecer, hubo en aquél instante entre socialistas y comunistas, que gobernaron en coalición para sacar la ciudad adelante desde la nada (por no encontrar no encontraron ni planos del alcantarillado, comentaron). Y gracias a sus testimonios pudimos escuchar -de nuevo o por primera vez- cómo este primer consistorio y sus integrantes, elegidos por la voluntad popular, fueron víctimas de atentados fascistas tanto en el Ayuntamiento como en sus hogares, y atacados en actos públicos por pequeños grupos organizados de exaltados, todo bajo la mirada cómplice y permisiva de las fuerzas de seguridad del Estado (la militar de la zona, en manos del tristemente famoso Milans del Bosch).

Éstas y otras historias, que hicieron de aquellos hombres unos héroes de la democracia, al asumir unos riesgos y un compromiso político que quisiéramos en sus colegas actuales, fueron recordadas en ese encuentro que, si no me equivoco, fue el único acto público realizado para conmemorar en la ciudad tan magna efeméride*. Lamentablemente, por una mala comunicación o por la dejadez generalizada y el ritmo de vida actual, menos de un centenar de valencianos (muchos de ellos protagonistas positivos de aquellos cambios) asistieron al evento. Dudo que hubiera más de cinco que no hubieran superado la treintena. Una magnífica noticia para que, poco a poco, siga extendiéndose la falsa leyenda de la modélica, plácida y conciliadora -por ambos bandos- transición española. Es lo que queremos, ¿no?

*La alcaldesa Rita Barberá realizó un pleno extraordinario el mismo día 3, en que se celebraba el 30 aniversario, pero se podría considerar anecdótico por la escasa repercusión que se le quiso dar. Sin duda fue más sonoro el homenaje que realizó al último alcalde franquista -el que conservaba el sofá- a su muerte, al que en su revisionismo histórico no duden que habría invitado en este aniversario como parte también del "proceso democrático".
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