04 marzo 2009

Para acabar con ETA primero hay que eliminar las dudas

Coincidiendo con la jornada posterior a últimos comicios electorales en Euskadi, salía a la luz de manera muy tenue la acusación a 15 guardia civiles de posible tortura a los etarras Igor Portu y Martín Sarasola, acusados a su vez de haber llevado a cabo el atentado en la T4 del aeropuerto de Barajas. La noticia de estas imputaciones, como digo, sí ha aparecido en los medios, pero creo que ha pasado prácticamente desapercibida a oídos de la mayoría de la población, que de haberse enterado debería haber mostrado una tremenda preocupación ante la posibilidad de que la acusación fuera cierta.

Y es que en ello los españoles, además de la vergüenza, nos jugamos mucho más. Hacer oídos sordos a la denuncia y seguir las indicaciones del Ministro del Interior de apoyar ciegamente a las fuerzas de seguridad, con el argumento de que entre los etarras haya circulado la orden de denunciar torturas en cada detención, se hayan producido éstas o no, sólo propicia que la espiral del odio continúe arraigando y los delincuentes puedan argumentar ante los suyos que el Estado español no los trata de acuerdo a lo que ordenan los Derechos Humanos. Porque para desgracia nuestra hay precedentes con condena contra las fuerzas de seguridad del Estado*.

Es por eso, además de por el prioritario respeto a los Derechos Humanos, por lo que los españoles deberían exigir al gobierno de modo tajante que se mostrara inflexible ante estas actitudes en lugar de tratar de ocultarlas o minimizarlas. Y que al tiempo pusiera todos los medios a su alcance para evitarlas definitivamente, con medidas como la inclusión de cámaras en todas las comisarías y cuarteles del país o la eliminación de la detención incomunicada de los sospechosos, que garanticen el cumplimiento estricto de la legalidad. Del mismo modo, y para despejar cualquier sospecha, si verdaderamente la llamada Ley de Partidos se ha creado para suprimir las opciones políticas que defienden la violencia, la Justicia debería empezar a actuar con publicidad y firmeza para eliminar a todos los partidos de extrema derecha que campan a sus anchas por el país. Todo lo que no pase por estas medidas o similares seguirá sembrando la duda acerca de la legalidad del Estado y regalará argumentos y coartadas a los terroristas. ¿Es eso lo que deseamos?

*Si nos atenemos a los datos que recoge el libro Derechos Torcidos, de Esteban Beltrán, que les comenté recientemente y del que hablaré más en breve.
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