13 marzo 2009

Nociva y falsa equidistancia

Durante los últimos días los lectores, oyentes y espectadores de determinados medios de comunicación hemos podido asistir a un nuevo ejemplo de mala praxis periodística por parte de muchos colegas de la prensa nacional (o madrileña, pues es la misma) a costa de la trama valenciana del Caso Gürtel, tras conocerse que ésta podría alcanzar a Francisco Camps. Y no me refiero al sarao que le montó ABC el otro día en Madrid, y que no es más que la versión fina del típico aplauso popular que solemos ver en los pueblos salpicados de corrupción, y que destinan los amigos del presunto malhechor a éste cuando se lo lleva la policía de camino a los juzgados (qué menos se podría esperar de un periódico que subsiste en la Comunitat exclusivamente a costa de la subvención de un Consell al que sirve de vocero).

No, me refiero a la vergonzosa actuación de muchos periodistas supuestamente progresistas que, tras pasarse el día azuzando a los populares madrileños o de ámbito nacional -no se sabe si por convicción o porque les va en el sueldo-, llegado el momento y con el fin de aparentar cierta equidistancia, se dedican a mostrar condescendencia y arrojar dudas sobre los escándalos valencianos. ¿Cuántas veces han escuchado en los últimos días a periodistas de esta ralea afirmar que "en cambio lo de Camps me cuesta de creer", o que el valenciano "es un político recto"? Podría decirse que realmente piensan así, pero sólo hay que remitirse a los antecedentes para ver que para ellos hablar bien de los líderes populares valencianos es sólo un modo de mostrar una falsa pluralidad. Para ellos Eduardo Zaplana -ya salpicado por escándalos como el de Terra Mítica que aún colean- era un "excelente gestor" mientras se mantuvo al frente de la Generalitat; al igual que Esteban González Pons, un moderado y hábil interloctor, mientras tuvo los pies fuera de la meseta. No obstante, en cuanto pisan estos la capital de España, cambia la predisposición de los periodistas.

"Es que ignoran la realidad valenciana" dirán, y en parte no les falta razón (la valenciana, la riojana, la extremeña...), pero también es por desidia. Y es que independientemente de que Francisco Camps se haya pagado o no su carísima indumentaria, un señor que está al frente de la comunidad autónoma bajo cuya responsabilidad se produce el mayor accidente de metro de la historia, y no se reúne con los familiares de las víctimas para no aparecer junto a ellos en una foto; un hombre así, digo, no es buena persona. Un presidente autonómico que mantiene en su cargo a un consejero, tras descubrirse que éste ha ofrecido en menos de nueve años alrededor de 200 adjudicaciones públicas a la empresa de un amigo -por muy legales que sean, que está por ver-, no es un político recto (el responsable del metro mortal nunca dimitió ni fue destituido y en cambio se le premió con otra consellería). Por lo mismo o por menos -y fíjense lo que les digo porque a algunos les parecerá mentira acostumbrados a escucharles- a Esperanza Aguirre la ponen a diario a los pies de los caballos (y no les niego que tenga lo suyo).

Pero para ellos parece que la realidad empieza y termina en "el foro", y ahí se desarrolla la partida que han de ganar, y la ética y los principios son argumentos que emplean hoy y depende de con quién para armar su rollo del día que mantenga vivo el debate partidista entre los suyos y los otros. Por lo visto no son -o no quieren ser- conscientes del daño que hacen. A la profesión y a la democracia.

P.S.: En el texto sólo he citado dos ejemplos del funcionamiento ético y político de Francisco Camps durante su mandato, pero los hay a montones. Uno de los mayores ejemplos del diferente rasero con que se valora la situación valenciana es la escasa relevancia que se da a escala nacional al empleo de Radio Televisión Valenciana como arma propagandística del PP, mientras que de todos es conocida la manipulación de Telemadrid. No obstante, atendiendo a casos como los que refleja a diario Julià Álvaro en su blog -éste el último y no menos vergonzoso-, el asunto no debería tener un trato menor. Ese es el modelo de televisión pública de Francisco Camps. ¿Le convierte eso también en un político fuera de toda duda?
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