25 febrero 2009

Tres apuntes sobre el 'Caso Gürtel'

  • Hoy 25 de febrero, y a riesgo de ganarme su desaprobación, he de confesar que me parece que la filtración de la investigación del Caso Gürtel se ha pasado ya de castaño oscuro. No les ocultaré que, tras años de percibir en mi entorno de vida el aroma que deprenden chanchulleos de todo tipo, a uno no le produjera satisfacción que algunas presuntas corruptelas llegaran a airearse públicamente, haciendo temblar sólo a aquellos que viven con la culpa de saber que algo mal han hecho y pueden haberles pillado. Sin embargo, he de convenir con los dirigentes del Partido Popular que no se puede sembrar de sospechas y acusar a medias a un montón de personas y que estas no puedan defenderse simplemente porque aún no han sido acusadas. Y como les decía, la gota ha colmado hoy el vaso cuando en cuestión de minutos se ha señalado -en El País, haciéndose eco de ello, Cuatro y la Cadena Ser- a Esteban González Pons como uno de los implicados en la trama investigada por el juez, para a los pocos minutos, desmentirlo y hacer como que no ha pasado nada. No creo necesario recordar que Pons no goza precisamente de mis simpatías, pero eso no quita que las filtraciones de la investigación y el tratamiento informativo que se está haciendo con ellas, empujando al patíbulo a gente que todavía no ha sido formalmente acusada de nada, no constituyen precisamente un ejemplo de un Estado de Derecho maduro y civilizado. Si todavía queda alguien sensato por ahí arriba, esto debería cortarse de inmediato para empezar a funcionar de un modo más serio.
  • Dicho lo anterior, cabe señalar que el juez Garzón no tiene por qué ser el responsable de las filtraciones. En estas investigaciones trabaja multitud de personas y el gujero puede estar en cualquier lado. No obstante, el magistrado haría bien en buscarlo y taparlo, no acabe tirando todo el trabajo al traste y salgamos perdiendo todos. La corrupción debe pagar.
  • Finalmente, lo único bueno -y muy bueno- extraíble de todo lo intuido hoy, es que el caso podría ir (debido a la posible implicación de congresistas o senadores) hacia arriba, al Tribunal Supremo, en lugar de hacia fuera, como deseaba fervorosamente el Partido Popular insistiendo una y otra vez en que Garzón dejara el caso en manos de los tribunales madrileño y valenciano. Yo, sinceramente, no sé cómo funcionan las cosas por Madrid, pero es evidente que por mi tierra la Justicia es muy laxa -si es que le da por actuar- con los altos cargos populares implicados en casos turbios. Aunque Fernando de Rosa se preocupe más de velar por su amigo Francisco Camps que de paliar la sensación de partidismo e indefensión ciudadana ante el sistema que él dejó y sigue latente en el aparato judicial valenciano. Si el caso va al Supremo, esto se puede venir abajo.
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