05 febrero 2009

Ni los gestos

No es difícil encontrar todavía a muchos de los votantes que, tras dar su voto al PSOE en las elecciones de 2004 después de muchos años de abstinencia o de renuncia de esa opción, mantengan que aquella fue una decisión acertada. Tampoco, a aquellos de estos que, pese a haberse diferenciado su gestión de la de sus predecesores exclusivamente en algunos gestos sociales -importantes algunos pocos como el matrimonio homosexual o la ley de paridad, sí, pero tampoco excesivos- consideren que aquella primera fue una mala legislatura. Sin embargo, lo que cuesta cada día más de encontrar es a uno solo de los votantes tradicionales de izquierda (la denominación no es mía) que depositaron entonces su voto por José Luis Rodríguez Zapatero, que aprecie su actual andadura.

No es ya solo por la crisis, de la que el gobierno actual es tan culpable como sus predecesores (o más, porque aquellos jugaban abiertamente a su juego y habían sido elegidos por ello, mientras que su gobierno, con la etiqueta de socialista, podría haber tomado alguna medida de izquierdas en su momento que nunca tomó sin traicionar a su electorado). Es porque de aquél primer gobierno ya no quedan ni los gestos. Ayer, después de unos años en los que la jerarquía eclesiástica española, con la connivencia y complicidad de sus jefes vaticanos, se han dedicado a torpedear todos y cada uno de los avances sociales que se han producido o tratado de llevar adelante en el país, el presidente del Gobierno recibía con un tratamiento de jefe de estado al llamado "número dos" del Papa Benedicto XVI, al que se dispuso a dar, lejos de la presencia de cualquier periodista, todo tipo de explicaciones respecto a su política. Y todo, mientras en el Congreso, su grupo se unía al Partido Popular para votar en contra de las propuestas lanzadas por Izquierda Unida, Iniciativa Per Catalunya y Esquerra Republicana de Catalunya, para "eliminar los privilegios que tiene la Iglesia Católica" en España respecto a otras confesiones, y facilitar, también con el fin de reforzar la libertad de culto, la posibilidad de los ciudadanos de apostatar. Si eso no es hoy posible, la culpa sólo es achacable a un partido de los que asegura a sus votantes estar por tomar esa decisión.

En cambio, Zapatero ha apostado, dicen, por otro gesto, el de mostrarse conciliador y respetuoso con todas las confesiones. Lástima entonces que se haya equivocado de nuevo, porque puestos a recibir podría haber llevado a Moncloa a Tom Cruise, de visita por nuestro país hace unos días, para estrechar lazos con la Cienciología (patraña de la que Cruise ha servido de embajador en numerosas ocasiones). Me da que está más en alza, sus seguidor
es parece que tienen más pasta y, para qué engañarnos, la foto habría vestido mucho más.

¿Se lo imaginan? Habría sido la monda y seguramente nos habría salido más barato.
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