17 febrero 2009

Libros con o sin polémica

Seguro que ustedes recordarán cómo, hace unos meses, se armo un cirio mediático a raíz de la publicación de un libro sobre la Reina Sofia en el que ésta ponía de manifiesto, en unas declaraciones recogidas por la autora, unas creencias bastante retrógradas. El libro en cuestión, pese a la relevancia de la figura que lo protagonizaba (y al margen de la polémica), apuntaba -según la mayoría de comentarios- a ser la típica hagiografía que, tras su breve carrera comercial, va directa al cajón de saldos y poco después al olvido, pues su aportación social e intelectual es nula. Sin embargo, pocos -por no decir ningún- medio renunció a airear la polémica, favorecida por la misma Casa Real con sus aclaraciones y desmentidos, que contribuyó a hacer de esa obra ínfima un superventas que llegó a centenares de miles de hogares en el país.

Les cuento esto porque, desde hace unos días, circula por las librerías del país, la primera obra de Esteban Beltrán, director de la Sección Española de Amnistía Internacional, titulada Derechos Torcidos. En ella el autor trata de desmentir algunos de los tópicos relacionados con los Derechos Humanos y muestra, al menos en lo que he podido leer hasta ahora, un especial énfasis en poner al descubierto cómo en España damos por hecho que en nuestro país no se dan determinadas prácticas que atentan gravemente contra ellos. El caso es que en la obra -que ya valoraré en este mismo espacio cuando la complete- hay un capítulo excepcional titulado En España no se tortura, en el que Beltrán desmiente este tópico y pone de manifiesto cómo la tortura sí se practica en nuestro país en la actualidad y se lleva practicando desde tiempo atrás, apuntando casos, señalando a torturadores con nombres y apellidos, y recordando como los gobiernos de uno y otro signo han perdonado y amparado estas prácticas, pese a las denuncias de instancias internacionales.

Es un capítulo digno de ser aireado públicamente y de saltar a todos los medios de comunicación. ¿No es una información a la que habitualmente no tenemos acceso y que podría generar una evidente y enriquecedora polémica? Sin duda lo es, y más unida a las interesantes reflexiones que el autor señala que derivan de estas prácticas (como su efecto en el terrorismo de ETA o en el trato que se dispensa a los inmigrantes). En cambio, reina el silencio. Y no se equivoquen, no es porque el libro lo publique una editorial marginal (nada menos que la prestigiosa Debate) o porque no hayan llegado ejemplares del libro a las más importantes redacciones. ¿por qué los medios no dicen ni pío? ¿Por qué no sale el Ministerio del Interior a desmentir a Beltrán? ¿Por qué no dicen la suya los más altos cargos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado? Los motivos son obvios, cuanto menos polémica, menos se leerá. Será cuestión pues, de que lo aireemos los demás.

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