11 febrero 2009

A la expectativa

Anda buena parte del personal alborotada desde que hace unos días el juez Baltasar Garzón iniciara las detenciones de los presuntos implicados en una trama de corrupción que salpica de lleno a la Comunitat Valenciana, y de la que el Partido Popular, o algunos de sus miembros, podrían ser beneficiarios. Así a la vista, es innegable que el asunto, en el que se aprecian reiteradas contrataciones millonarias con dinero público a las mismas empresas privadas, huele mal; pero en ese aspecto, uno de de los dos en los que por ahora la trama alcanza al Consell que preside Francisco Camps, no debería suponer ninguna novedad para la ciudadanía.

Porque, independientemente de cómo se resuelva la oscura trama, lo que evidencia esta investigación son los modos en que el Consell ha gestionado el dinero publico durante las últimas legislaturas en lo que tiene que ver con la promoción y gestión de sus grandes eventos. Unos modos de los que la investigada Orange Market, contratada reiteradamente para gestionar ferias y saraos, pese a no ser la oferta más económica ni la que goza de un mejor currículum, solo es un ejemplo. Porque a poco que uno se fije, al igual que ahora se escuchan tímidas protestas de las agencias de publicidad y marketing por esta situación, también podrían hacerlo las veteranas promotoras de conciertos de la Comunitat, que tampoco son las que organizan las actuaciones subvencionadas con dinero público; y así podríamos seguir sector por sector, constatando que el inmenso gasto público en "eventos" de las últimas legislaturas ha generado prosperidad en muy pocas manos y, en muchos casos, no precisamente las más preparadas (algunas, como la investigada, parecían vivir exclusivamente de ello). ¿Es eso constitutivo de delito? Lo desconozco, pero lo que sí pone de manifiesto es la escasa sensibilidad del Consell para con el empresariado autóctono a la hora de repartir la faena y los beneficios que de ella derivan.

No obstante, esperar sensibilidad del Consell de Camps a estas alturas es esperar demasiado. Pedía el otro día Jorge Alarte, lider de los socialistas valencianos, que al igual que en Madrid Esperanza Aguirre hizo rodar la cabeza de su consejeros más íntimamente ligado a la contratación con la empresa investigada pese a no estar todavía implicado (hoy ya sí), Camps hiciera lo propio en su feudo. Pero ni todo lo anterior, ni la detención del empresario al que su gobierno concedió 13 licencias de TDT en la Comunitat (para establecer unos mediocres canalaes), han hecho al Molt Honorable torcer el gesto. Muy mal debería ver el asunto Camps para castigar a uno de los suyos, habida cuenta de que entre ellos todavía figura, por poner un ejemplo escandaloso, el responsable del estado de la línea de metro que acabó con la vida de casi medio centenar de personas. Es tan férrea la estructura formada por Camps, tan fuertes los vínculos, que parece que si cae uno caerá todo el equipo. Y hasta hace unos días, pese a todos los indicios, nadie les había soplado. De ahí, seguramente, el alboroto.

PD: No se pierdan la semblanza que hace de Álvaro Pérez, presidente de Orange Market, hoy Víctor Romero en Levante-EMV. No tiene desperdicio.

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