08 febrero 2009

Cuando cambiar es mejor

Perdonen que les cuente esta vez algo personal, pero me ha parecido un ejemplo significativo y sencillo para explicar por qué pasan determinadas cosas. Resulta que hace unos días decidí definitivamente cambiar de operador de telefonía móvil. Hace ya bastantes meses que salieron nuevas compañías con tarifas significativamente más económicas para aquellos que gastamos el móvil a cualquier hora del día, pero vaya usted a saber si por miedo a lo desconocido o por simple pereza, hasta hace poco no me detuve a mirar la posibilidad del cambio con detenimiento.

El caso es que, tras informarme aquí y allá, finalmente me decidí dejar Movistar a la vista de que el precio que me ofrecía como si de una oferta especial se tratara era significativamente más elevado que el de la que sería mi nueva compañía (que no citaré porque no me regalan nada) sin tratarse de ninguna oferta especial. De modo que rellené las solicitudes pertinentes y me dispuse a esperar los seis días para que se hiciera efectivo el cambio de rigor. Pero no habían pasado 48 horas desde mi solicitud de cambio, cuando recibí una llamada desde Movistar para preguntarme, si no me importaba comentárselo, por el motivo de mi partida. "Que tienen precios más económicos" respondí, a lo que la señorita con la que hablaba me replicó: "Nosotros carecemos de una tarifa similar, pero si usted se queda con Movistar le ofreceremos una rebaja del 50% de su factura durante el próximo año". La oferta era tentadora, pues con los precios de la competencia seguramente ahorraría un 30% de la factura, pero no la mitad. Sin embargo, tras años de estar pagando un importe por un servicio que a la vista estaba que podían rebajar sin sufrir pérdidas en una cifra considerable asumí la propuesta como lo que era y comuniqué a la señorita que no, que por solidaridad con el resto de consumidores, regresaría con ellos cuando ofrercieran tarifas inferiores a las de la competencia.

Antes de que pasaran otras 24 horas aún me llamó otra compañera de la anterior para comunicarme que, además del descuento me regalaban un nuevo terminal (propuesta que, por cierto, se negarona pasarme por escrito, qué cosas), pero no me retracté y finalmente, al cabo de seis días, había cambiado de operador. No obstante, a lo largo de ese periodo vinieron ecos a mi cabeza de casos similares de gente conocida que, en situaciones similares, había obtenido móviles nuevos por no cambiar o descuentos temporales importantes, así como alguna mirada asombrada al comentar entre amigos mi negativa a "la oferta". Luego la gente se extraña de que, a pesar de la libre competencia, los precios no bajen. Entre el miedo a lo desconocido, la pereza y algún chantaje puntual aceptado de modo egoísta, todo sigue igual, cuando resulta evidente que, si a todo el mundo le diera por abandonar al que no ofrece la mejor alternativa, por cambiar y fomentar la competencia, todo iría mejor para todos.

Seguro que a ustedes, como a mí, se les ocurre más de un campo en el que esto se podría aplicar.

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