24 febrero 2009

Con las maletas a otra parte

Me comentaba ayer un amigo -con el que tengo la extraña costumbre de hablar de estos asuntos y no de otros más ligeros- que al Partido Popular autonómico había que reconocerle haber puesto de moda Valencia en toda España. En efecto, le admití, la manirrota inversión publicitaria del gobierno autonómico conservador en las últimas legislaturas había logrado ese efecto, que cualquier valenciano podía comprobar a poco que saliera de las tres provincias de la Comunitat y hablara con nuestros paisanos. Pues al enterarse estos de que veníamos de Valencia nos respondían con alguna variante del "aquello debe estar fabuloso".

Sin embargo, le maticé, en esa respuesta cabían cuatro posibles orígenes. El primero, que el interlocutor simplemente hubiera atendido a la cantidad de saraos y edificios monumentales que afloraban por aquí, que hacían palidecer -en número- a los financiados por el petroleo en Dubai, a pesar de no haber estado jamás ni en Valencia ni en el citado emirato árabe. Segundo, que también sin haber venido, por simple cortesía nos hubiera tratado con la misma educación con que uno responde al conocido que le comunica que se acaba de comprar un piso, aunque con su salario necesite 60 años para pagarlo (si no se lo quitan en caso de perder el empleo). Vamos, que le parece que el conocido está haciendo -con ilusión- algo descabellado, pero por cortesía le da la enhorabuena. El tercero emparenta con el anterior, aunque en este caso sí ha visitado la ciudad, y también por cortesía te dice que está fantástica. Este es de los más curiosos, porque de primeras te dice que está muy bien, pero cuando rascas un poco enseguida apunta que es carísimo todo, las colas que tuvo que hacer, lo sucio que estaba... Mal asunto. Y finalmente está el cuarto, el que ha venido, ha disfrutado, y se va deseando regresar lo antes posible, transmitiendo además su entusiasmo a sus vecinos.

Si de los cuatro tipos imperara el último, el Partido Popular valenciano no sólo habría acertado, como me decía mi amigo, en transmitir una sensación, sino que habría conseguido aquello que verdaderamente se espera de su gestión en esta materia: que el turismo creciera. Pero lamentablemente, aunque la sensación exista, los resultados apuntan a que no van por ahí precisamente los tiros. Y es que, tras años de millonarias inversiones en construcciones faraónicas para crear un reclamo artificial sobre el de la propia ciudad y de eventos de dudosa rentabilidad, a día de hoy, cuando los resultados habrían de arrojar cierta ventaja a Valencia y la Comunitat en materia turística sobre el resto de destinos del país, lo que plantean es que Comunitat y ciudad pierden turismo muy por encima de la media estatal. Mas del doble de la media en enero, nada más y nada menos.

Ninguna excusa vale para maquillar estos datos, que ponen de manifiesto que el modelo turístico valenciano, a golpe de evento de medio pelo - a coste de oro-, favorece a largo plazo el aumento de visitantes, pues ningún efecto positivo de ellos se nota en esta continua bajada de turistas (baja en todos lados por efecto de la crisis, pero en ninguno como aquí, y menos en los referentes en los que se quiere medir Valencia) y sí algunos negativos, como la enorme subida de precios en la ciudad debido a ellos y que puede haber contribuido a la espantada hacia destinos más económicos (o sencillamente con una buena relación calidad precio). Constatada pues la debacle, sería hora, no ya de que dimitiera la consellera de Turismo Angélica Such y de que se castigara con carácter retroactivo a todos sus predecesores, sino de una simple rectificación. Así de sencillo. Sólo eso, reconocer que la senda mantenida durante años no conduce al destino deseado y anunciar que en adelante se cambiará a otra política, sería un gesto impagable.

No obstante, seguramente será más fácil que en el Telenotícies de Canal 9 de hoy asistamos a imágenes de colas de gente (prefabricadas a base de convocar a miembros de Nuevas Generaciones y amas de casa Tyrius) comprando sus entradas para el próximo gran premio de Fórmula 1 por las calles de Valencia, que a la más leve rectificación del Consell valenciano en una gestión que parece abocarnos a la autodestrucción. Ojalá me equivoque.
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