29 enero 2009

Que el gobierno nos libre (aunque reciba)

Seguro que, además de por un buen puñado de valencianos conscientes de la estafa, el anuncio de ayer de la Ministra Elena Salgado de que el gobierno central sólo firmará un acuerdo para realizar otra Copa América en Valencia si se resuelve un litigio existente entre dos competidores desde el fin de la última prueba (dónde si no en los tribunales iba a acabar algo en lo que metiera mano la administración autóctona) fue recibido también con alivio y esperanza en el consistorio local y en el Palau de la Generalitat. Y es que esa negativa, de producirse, serviría para no realizar de nuevo la competición en la ciudad, como sospecho que desean Ayuntamiento y Generalitat, pero brindaría la oportunidad de culpar de ello exclusivamente al gobierno.

Aún recuerdo como, tras haber tratado de engañar a la ciudadanía -consiguiéndolo en la mayoría de los casos- anunciando que Valencia había sido elegida por sus cualidades para albergar la anterior prueba de la Copa América y no por ser la ciudad que más había pagado por ello (90 millones al organizador Ernesto Bertarelli), y que la ciudad repetiría como sede si ganaba el equipo suizo; cuando este hecho se produjo, el señor Bertarelli rectificó esa mentira ampliamente difundida y matizó que sí, que repetiría en Valencia, pero si en lugar de 90 le daban 105 millones de euros. El millonario suizo sabía que Ayuntamiento y Generalitat no discutirían su órdago, pues se verían forzados, al salir la negociación a la luz pública, a reconocer que también la primera vez pagaron un dineral. Y acertó. Fue así como las instituciones valencianas, a pesar del fiasco de repercusión de la prueba en el mundo (como señalé en su día, en EEUU los medios deportivos no se hacían eco de la prueba) y de asistentes (la dársena, excepto los domingos, estuvo vacía prácticamente en todas las pruebas), anunciaron con rapidez que por ellos no sería, que la última palabra la tenía el gobierno central. Y el gobierno Zapatero, harto de que se le acuse desde Valencia de boicotear "a los valencianos", respondió que si los estos querían gastar su presupuesto en barquitos y no en otras cosas, no sería él el que lo impediría.

Parecíamos abocados pues a una reedición de la millonaria estafa (pruebe a ver cuántas cosas de mayor notoriedad que se pueden hacer con el mismo o menos dinero se le ocurren en cinco segundos) hasta que un tecnicismo provocado por la gansa de trampear con la prueba de algunos equipos y patrocinadores españoles, acabó con la competición en los tribunales. Y así ha estado desde entonces, en el limbo, la Copa América; evocada pese a todo como algo mítico por las autoridades locales y reivindicada pese a su cutrez por los medios autóctonos, no por su trascendencia, sino ávidos de que la ciudad albergue algún que otro sarao que se traduzca en un nuevo aluvión de publicidad y suplementos institucionales. A la gente, como entonces, la Copa América le importa un bledo.

Ahora el gobierno insinúa que si no se arreglan las cosas no apoyará una nueva prueba, y Ayuntamiento y Generalitat, con las cuentas en números rojos, no dicen esta boca es mía, rezando seguramente porque el pleito se alargue eternamente. Bertarelli, por lo pronto, ya ha anunciado que rebajará el canon por repetir (sabe que no hay pasta ni aquí ni en ningún sitio y que a estos los tiene medio cogidos). Que alguien nos libre de todo esto.

NOTA: En esta web encontrarán una buena relación de noticias sobre la evolución de todo este tinglado.

FOTO: Bertarelli y Camps. Tan amigos.

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