07 enero 2009

No me llames Francesc, llámame Paco

No sé si se habrán fijado, pero nuestro president parece un poco deprimido las últimas semanas. Alguno podría decir que motivos no le faltan, pues en el negativo 2008 que hace unos días dejamos atrás, la comunidad a cuyo mando se encuentra -o debería encontrarse, porque este año no han faltado las oportunidades en que se ha visto a la nave funcionar con el piloto automático- ha figurado casi siempre a la avanzadilla en muchos de los grandes indicadores de la crisis. No obstante ese no debería ser motivo suficiente para su cambio de rictus, pues no cabe olvidar que ya en el 2007, en pleno verano de la Copa América, el paro subía en la Comunitat mientras el resto de España aún permanecía en la cresta de la ola. Y a Camps no se le vio en ningún momento torcer el gesto.

No, no debe ser solo la terrible sistuación y perspectivas -con el nivel de deuda que tiene- de la economía y el tejido social valenciano lo que provoquen malestar en el president. Quizás, para valorar las posibles causas de su estado, habría que echar un vistazo a sus últimos meses de mandato. Ya la primera prueba de Fórmula 1 en Valencia, a la que había dedicado todo su esfuerzo durante los últimos doce meses, fue un mal presagio, con los miles de tickets que hubieron de regalarse para que las gradas no presentaran un aspecto demasiado tibio. Tras ella, pocos elementos de distracción masiva había para despistar al personal de los estragos de la crisis en la Comunitat, aunque algo se improvisó con el estreno nacional de la última de James Bond (qué mala), aunque nada de ello impedía que afloraran los ERE en muchas de las empresas estrella de la Comunitat. Al circo, además, le crecían los enanos, con una comunidad escolar que en lugar de plegarse a la bravuconada de la eduación para la ciudadanía en inglés, se decidía a salir a la calle.

Pero todo eso no es nada que Canal 9 no pueda callar/cambiar. Sin embargo vemos como Camps debe sentir que se le van las cosas de las manos. Quizás también influya el difícil papel en que se ha visto atrapado por el nuevo plan de financiación autonómico de Zapatero, en el que si acepta para los valencianos lo que durante tiempo ha exigido se posicionará junto a catalanes, gallegos, madrileño o mallorquines, frente a su partido en Madrid, donde seguramente albergaba sus planes de futuro. O quizás su nuevo gafe, cuando en su huida de las protestas estudiantiles fue a reunirse en EEUU con el gobernador que días después ha debido dimitir del cargo de Secretario de Comercio del futuro gobierno de Obama por presunta corrupción. El caso es que las últimas semanas parece que Camps sienta que le ha mirado un tuerto. Quizás de ahí que, al igual que hay quien va a la peluquería a cambiar de look para combatir un mal estado de ánimo, el president ha dado la orden en Canal 9 de que en adelante no se refieran a él como el Francesc de los últimos años, sino como el Francisco que siempre ha sido, y que cuando se refieran a él en el ente autonómico, lo hagan en adelante con la fórmula "molt honorable", reservada al President de la Generalitat, pero empleada en los últimos años casi exclusivamente por columnistas "radicales" para subrayar la posición de Francisco Camps junto a personajes o en situaciones "poc honorables". ¿Le servirá de algo al president este particular cambio de look? Por lo pronto hoy se reunía por primera vez con el "nuevo" líder -102 días lleva en ello- de la segunda fuerza política de la Comunitat. Algo ha ganado en velocidad de reacción.

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