19 enero 2009

El terrorismo que no da votos

Matan, atemorizan a diario centenares de miles de personas, se manifiestan por las calles con la connivencia de las autoridades y se presentan a las elecciones con sus propias siglas y con la complacencia de otros partidos de gran raigambre, pero Rosa Díez no tiene nada que decir sobre ellos, ni Rajoy, ni tan siquiera Zapatero. Me refiero, como más de uno habrá imaginado, porque no es la primera vez que lo comento por aquí, a los miles de racistas, fascistas y neonazis que campan por España con completa libertad, a pesar de que suponen una organización para causar el terror más dañina y numerosa -las cifras están ahí- que la mismísma ETA.

La pasada semana supimos (porque fue en un partido de fútbol y sus autores eran miembros de los Boixos Nois, lo cuál confiere morbo al asunto) de la paliza que un equipo de fútbol integrado por reconocidos racistas propinó en Barcelona a los miembros del conjunto rival, por el mero hecho de tratarse de inmigrantes. Días después, con las primeras detenciones, nos enteramos de que uno de los supuestos autores de la paliza era el asesino de Carlos Javier Robledo, el joven de 22 años que murió como resultado de otra paliza en abril de 2000 en la Vila Olímpica de Barcelona.

«Son una banda de gamberros que salían los fines de semana a buscar bronca. En este caso empezaron con una gamberrada que acabó en asesinato», señaló entonces, quitando hierro al asunto, el juez Fernández Oubiña, responsable de dictar sentencia en aquel caso. Y algo similar, si se les interpelara por ello, dirían los líderes de los partidos políticos de ámbito nacional al respecto de lo sucedido la semana pasada, no se les pudiera acusar bien de inoperancia, o bien de dureza con la actitud de algunos de sus potenciales votantes. De vez en cuando, cuando el odio organizado, irracional, xenófobo y fascista, se lleva por delante a alguno de los nuestros, como sucedió recientemente con el asesinato de Alvaro Ussía, entonces todo son lloros, gestos y fotos. Mientras tanto, si algún maricón, moro, sudaca, rojo, o simplemente, alguien diferente, se va escaldado, no pasa nada. Que no les toque.

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