14 enero 2009

Cautivados

La prensa valenciana de ayer reproducía en sus páginas locales una paradoja que, pese a serlo, a pocos o a nadie llamó la atención. Y es que casi todos los periódicos recogieron por un lado la visita de la alcaldesa Rita Barberá a las obras de rehabilitación de la histórica Plaza Redonda de la ciudad y, al tiempo, se hacían eco de la satisfacción de la primera edil por los nuevos derribos que su consistorio ha acometido en el también histórico barrio del Cabanyal. Semejante incoherencia, que un alcalde convoque un acto para mostrar una actitud positiva y en el mismo se ponga en evidencia que manifiesta la contraria, sería un escándalo en cualquier lado, pero al parecer no debe serlo en Valencia. Porque Rita Barberá, a la que no se puede negar su astucia política, no cometería un error semejante.

¿Cómo se atreve entonces la alcaldesa a mostrarse como defensora del patrimonio valenciano y al tiempo ejecutar su destrucción unos kilómetros más allá? Tras darle bastantes vueltas a un servidor sólo se le han ocurrido dos posibles respuestas. La primera y más sencilla sería que Barberá considerara a sus electores como personas con la inteligencia mermada, incapaces bien de atender lo más mínimo a la actualidad para no enterarse de sus tejemanejes, o bien de hilar los dos cabos que dejan en evidencia tomaduras de pelo como ésta; por lo que daría igual que su política estuviera sumida en una constante contradicción a cambio de que no faltara a la procesión del Corpus y siguiera dando permiso puntualmente para que el senyor piroctècnic encienda las mascletás.

Pero cabe otra posibilidad más compleja, y es que Barberá se haya ganando a su electorado apelando a sus instintos más bajos. En este caso, el mensaje que pretendería transmitir con la contradicción de restaurar una plaza y al tiempo arrasar un barrio histórico, sería algo así como "sé que no tiene sentido, pero para algo mando yo, y me cargo lo que me da la gana". Sé que puede parecer extraño que un político se muestre de un modo tan despótico con sus ciudadanos y estos le aclamen, pero no deja de ser una representación a gran escala del típico chulo que tiene acobardada a toda su clase, pero que obtiene el respaldo mayoritario de sus compañeros. Mejor estar con el que da que con el que recibe, aunque un día te pueda tocar a ti. Desde hace años en Valencia le toca a casi todo el mundo -díganme si no identifican los nombres de barrios como Patraix, Ruzafa, Benimaclet, Benicalap, Cabanyal o Nazaret con sus respectivos problemas-, pero en las elecciones Barberá sigue ganando. Pero lo peor del caso no es que del caso al que nos referimos se pueda intuir un comportamiento despótico, sino que no falten las ocasiones en que la alcaldesa lo manifiesta abiertamente, haciendo gala constante de privar derechos tan simples como los de la libertad de expresión o credo (como sucedió recientemente con los boicots perpetrados desde el ayuntamiento a la llegada del barco abortista o a una fiesta de los vecinos del Cabanyal y Valencia contrarios a la destrucción del barrio, o con las amenazas de veto en la ciudad a una campaña publicitaria atea).

¿Será esta actitud chulesca y cercana a la zafiedad la que cautive al electorado valenciano? Quizás sea así, pero por si acaso la alcaldesa procura no faltar a una mascletá, y si puede con el mismo traje rojo, simplificando el mensaje a la mínima expresión. Todos los votos suman.

Alucino
Este texto podría seguir hasta el infinito, pues no hay día que la alcaldesa no aporte pruebas en un sentido o en otro. En los últimos días, sin ir más lejos, puso al presidente del gobierno de vuelta y media por no escuchar su demanda de destinar un 0'7% del dinero que corresponde a Valencia del llamado Plan Zapatero a financiar los comedores de la ciudad. Y así lleva varias jornadas vilipendiando a ZP, confiada imagino en que sus electores serán tan idiotas como para no recriminarle, por la misma regla de tres o sin acudir a ella, haber dilapidado las ingentes cantidades de dinero que ha destinado su ayuntamiento para fiestas para ricos como la F1, la presentación de la última película de James Bond, la Copa América, etcétera, etcétera... sin mirar no ya por los pobres, sino por los intereses del valenciano medio. Si fuera votante suyo me sentiría ofendido. Como no lo soy, simplemente alucino.

Rita, en una foto reciente, tendiendo la mano a uno de los pobres a los que ha ayudado este año desde el Ayuntamiento de Valencia.

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