22 diciembre 2008

No sé si me habrán echado de menos estos días, pero por si fuera así, me asomo para comentarles los motivos de mi larga ausencia, que no son otros que sendos virus. El primero afectó a mi ordenador a principios de la pasada semana y no paró de molestar hasta que me decidí a formatear el ordenador y empezar de cero. Ahora va como la seda y uno se siente como si estrenara trasto, pero todo el proceso es un engorro. Lo mejor, haber aprovechado la ocasión para instalar el paquete de Open Office, que ofrece los mismos servicios que el Office de Microsoft, pero es software libre y gratuito. Las primeras impresiones son muy buenas. Ya les contaré en caso de que algo vaya mal (aunque lo dudo).

El otro virus me afectó a mí. Creo que lo pillé en un edificio "inteligente" de esos en los que sus habitantes padecen temperaturas de 25 a 28 grados en invierno y de 15 a 17 en verano. No obstante, éste no impidió que servidor asistiera como invitado a una de las cenas de la Cretina Comèdia, tertulia
futbolero literaria -entre otras muchas cosas- mantenida por un grupo de amigos y blogueros unidos por ésas y otras pasiones. La compañía fue magnífica y la velada apasionada y con el toque justo y necesario de exceso. Además conllevó premio, pues Forlatti, sentimental y cabanyalero de pro, tiro la casa por la ventana y nos regaló a cada uno de los asistentes un ejemplar del magnífico libro Las casas del Cabanyal. Fue un verdadero honor.

El sábado, aprovechando mi debilidad, el virus avanzó notablemente en mi cuerpo hasta que ayer lo dio por conquistado. Hoy parece que ha perdido un poco de interés por este ridículo territorio, por lo que no descarten que en breve pueda contarles algo. Gracias por la paciencia y la espera.
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