09 diciembre 2008

Gorrinos

Jesús Civera sugiere en Aceras y calles tan mediterráneas, su columna de hoy en Levante-EMV, que la inversión municipal extra ofrecida por el gobierno a Valencia la podría destinar el ayuntamiento a limpiar sus calles ("unas aceras relucientes, límpidas, como si estuvieras en alguna ciudad del corazón de Europa" desea en su texto). Compartiendo su deseo de una ciudad verdaderamente envidiable por su limpieza, creo que la suciedad de las vías valencianas no se debe a un déficit de limpieza por parte del consistorio, sino de civismo de buena parte de sus ciudadanos.

Y se lo digo de primera mano, porque desde hace ya unos meses decidí emprender la campaña por mi cuenta y riesgo -que trato de que sigan mis conocidos y ahora les traslado, por si quieren sumarse- de señalar su falta a todo ciudadano al que observara tirando un papel o residuo de cualquier tipo al suelo. ¿La fórmula? Un sencillo "disculpe, creo que se le ha caído un papel al suelo". No les niego que más de uno, sonrojado, ha asumido la indirecta y simulando un despiste ha recogido lo arrojado y lo ha acercado hasta una papelera cercana; pero he de señalar que han sido sin duda mayoría los que me han respondido con fórmulas como "no, lo he tirado, ¿Pasa algo?" o la significativa "ya pago para que alguien lo recoja".

Podría contarles en adelante como se desarrollaron algunos de mis diálogos con los interlocutores que presumieron de ensuciar las calles que compartimos y que, por tanto, son tan suyas como mías, pero prescindiré de hacerlo porque no quiero condicionar su manera de actuar en el caso de que se sumen a mi modesta campaña de concienciación. Eso sí, tomando por cierto el dicho de que no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia, y viendo el estado de las calles de mi ciudad, cabe convenir que los valencianos brindamos al exterior una imagen de ser bastante gorrinos. Quizás de ahí venga la manía reciente de construir edificios "monumentales", para evitar ver lo sucio que tenemos el suelo.

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