17 noviembre 2008

Valencia, increíble pero cierta

Este post es una respuesta a la interesante propuesta -a la que animo a que se sume cualquier blog vecino- que realizó Un assessor qualsevol en esta entrada.

Por increíble que pueda parecer, el metro de Valencia puede ser el peor de Europa -bueno, quizás el segundo-, pese a que se creó y desarrolló más de seis décadas después de que empezaran a funcionar las primeras líneas en España y un siglo después de que ciudades como Londres inauguraran el suyo. Lo normal, cuando se afronta una obra pública de esta envergadura, es que se copien los aciertos de los predecesores y se traten de corregir sus fallos. Sin embargo, en el caso valenciano sucede todo lo contrario.

Por un lado no se repite ninguno de los aciertos: el metro es un transporte de éxito por su rápida frecuencia de paso de los convoys y el fácil acceso y salida de sus instalaciones, y el valenciano ni tiene buena frecuencia (mínimo 6 minutos, máximo, lo inimaginable) ni buenos accesos. Y en cambio la red valenciana aporta nuevos fallos. Por poner un caso, la tecnología que marca los billetes, pese a ser más "moderna" y de adquisición más reciente que las de otros metros (en loq eu ha viajado un servidor, como los de Barcelona, Madrid, Milán, París, Londres), es más lenta y aparatosa. Ahora, para tratar de paliarlo, se acaba de adquirir una nueva tecnología que marcará los bonos sin contacto físico. ¿Será tan eficaz como lo que, pese a ser menos vistoso, ya funciona realmente bien en otras ciudades? Quién sabe. Lo único cierto es que el cambio supondrá un nuevo desembolso en algo que no mejorará sustancialmente el transporte, pero sí encarecerá ligeramente los billetes.

No obstante, la mayor y peor aportación del metro valenciano es la "novedad" de que trenes con diferentes destinos pasen por la misma línea. Efectivamente, eso no sucede en ningún metro del mundo, pero sí en el valenciano, por lo que no es extraño encontrar a turistas o usuarios ocasionales maldiciendo nuestra ciudad al darse cuenta, tras un rato en el metro equivocado y más aún esperándo su llegada en el andén, que no han cogido el vagón que les convenía.

Les pondré un ejemplo gráfico. Viernes 14 de noviembre. 12: 28 minutos. Andén de la calle Colón, el más céntrico de la ciudad y X que marca el problema de la red valenciana, pues por sus dos andenes pasan 4 o cinco líneas distintas. Un servidor quiere ir a Marítim-S y alucina viendo que faltan diez minutos -de un viernes laboral- para que pase el siguiente tren. Entre que se lo piensa y saca el móvil para inmortalizar la estafa (se han publicado notas de prensa que aseguran que la frecuencia media de paso es de 4 minutos), se hacen las 12:30. Ahí está la foto realizada con el móvil.Al rato pasa un convoy en otra dirección, peroservidor no se equivoca. El siguiente ya debe ser el suyo. Pero no. A las 12:35 anuncian la llegada de otro antes del que me interesa. Y fíjense, ¡con un tercer destino!
Pasa el tiempo, mucho, y no llega ningún tren. Y en esas mira uno el cartel y se encuentra con que asún retrasan más el convoy que va a su destino. ¡Al menos once minutos de frecuencia de paso!
Pero saben lo realmente gracioso del asunto. Finalmente el tren que llegó primero, a las 12:38, fue el mío, aunque el cartel indicara que el primero en llegar sería el otro.

Sin duda, un ejemplo más de los miles que se producen a diario en el nefasto -para una ciudad como Valencia que aspira a ser referente mundial- transporte público de la ciudad. Valencia, increíble pero cierta.

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