24 noviembre 2008

Tristes

Anda todo el mundo triste en los últimos tiempos. La crisis, cuyos efectos empezamos casi todos a notar de lleno, tiene buena culpa de ello. Pero no es esa tristeza mayoritaria la que me interesa, pues es tan fugaz, despreocupada e insustancial, como la alegría que la precedió durante largos años y que regresará a poco que se consiga despejar el problema actual hasta un futuro cercano, y los más puedan volver a cambiar de coche cada dos años y refugiar sus tiempos de ocio en videoconsolas y programas de "telerrealidad".

No, me interesa la tristeza de alguna gente que conozco, que cree y lleva luchando por un mundo más justo y mejor desde hace muchos años. A estos les noto también ahora especialmente tristes, pero sus motivos son otros. Y es que ellos, que predijeron con certeza que los modelos sociales que nos rigen nos llevarían a la actual situación, aunque asumieron que las autoridades nada movieran porque el colapso no había llegado; ellos digo, cuando ven que ahora quedan al descubierto todas las mentiras del sistema, contemplan como las autoridades, a las que el ciudadano en general da carta blanca para que les saque del atolladero, tampoco hacen nada. Y lo que particularmente les molesta y entristece, es que esas autoridades que nada hacen para atajar de raíz el problema cuando tienen en su mano el poder y la oportunidad, se digan de izquierdas.

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