10 noviembre 2008

Refundar el capitalismo

El G20 se reunirá el próximo viernes 15 con la intención, dicen, de refundar el capitalismo, lo que es, sin lugar a dudas, más que necesario. Uno de los principales problemas del capitalismo actual lo puede proporcionar un caso cercano: una factoría automovilística que genera beneficios se considera negativa económicamente porque, al considerar los accionistas de la empresa que aún podrían ganar más si ésta despidiera ahora a miles de trabajadores o se trasladara la planta a un país en el que la mano de obra fuera más barata, el valor de sus acciones bajará hasta que no se tome una medida o la otra.

Poniendo un ejemplo lejano sería lo mismo. Una marca deportiva con beneficios millonarios puede trasladar una de sus factorías de Ecuador, donde las empleadas trabajan jornadas de 18 horas por un dólar diario haciendo zapatillas que valen 90 dólares, a la India, sólo porque el mercado de valores sabe que otras niñas harán el mismo trabajo por 80 céntavos y eso hará subir el precio de esas acciones de la marca que ni las niñas, ni usted, ni yo, ni el 99'9% del mundo posee.

El problema del capitalismo es que no supone el reflejo de los beneficios reales de las empresas y el bienestar relativo que puedan generar a los trabajadores y a las sociedades donde están establecidas, sino un etéreo juego que rinde beneficios a un reducidísmo grupo de personas que especulan con el trabajo ajeno. La solución lógica a este problema del capitalismo pasaría por una única meta: tomar todas las medidas necesarias para suspender un mercado de valores basado en la pura especulación y establecer unas nuevas relaciones comerciales en un mundo más libre y justo. ¿Tendrá algo peregrinamente similar, no pensando ya en las niñas ecuatorianas o indias, sino en los empleados de las factorías de Nissan o Ford, decir en la cumbre del G20 el socialista José Luis Rodríguez Zapatero? Por el énfasis que puso el presidente español en las últimas semanas por conseguir su silla en la reunión, podría incluso parecerlo. Pero permítanme que les confiese que lo dudo mucho.

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