07 noviembre 2008

"Los valencianos la tenemos más larga"

La noticia más reproducida en los medios locales de Valencia en los últimos días, más incluso que el fugaz preestreno para el mercado nacional de la nueva película de James Bond en el Palau de les Arts (del que nada se vio ayer en las noticias relativas a la premiere en los informativos nacionales a las que tuve acceso), ha sido la demostración frente al Miguelete del nuevo camión de bomberos con la escalera más larga de España. La noticia reunía todos los elementos necesarios para que fuera un rotundo éxito. Por un lado, lo positivo del hecho noticiable: el Ayuntamiento ha adquirido algo útil para la ciudadanía. Por otro, la espectacularidad de la imagen: la escalera se puso a prueba junto al Miguelete, uno de los iconos arquitectónicos de la ciudad. Y finalmente, porque reincide en el mensaje que machaconamente lanza el gobierno municipal: lo que hace es lo más.

Cabe rendirse pues, de nuevo, a la eficacia propagandística del equipo municipal, para sacar rédito, esta vez sí, a algo positivo. Lo que no podemos en cambio (al menos un servidor no puede), es dejar de manifestar como esa imagen de bonhomía contrasta con la otra realidad del consistorio, la que se produce lejos del boato de los estrenos y se materializa en la realidad de cada día. Esa también tiene cabida en algunos medios, aunque menos, y sigue hablando de una política destructora del patrimonio de la ciudad y de chuleo y presión contra cualquier atisbo de disidencia por parte de los vecinos. El penúltimo ejemplo lo encontramos a mediados de semana, en una foto también protagonizada por el Ayuntamiento, las fuerzas de seguridad y un edificio emblemático. Claro que la diferencia era que en ésta no estaba Rita, las fuerzas de seguridad no eran unos bomberos que ayudarían a los vecinos sino una Policía Municipal* dispuesta a atajar cualquier atisbo de protesta vecinal, y el edificio emblemático, en lugar de reivindicarse, iba a ser destruido.

Cualquiera diría que son dos alcaldías, pero son la misma: una es la brillante, la del gesto populachero fácilmente asimilable; y la otra es la negra, la de los hechos y tramas que se consuman alejados de las cámaras y a las que los ciudadanos tienen más difícil acceso. Las víctimas de este último atropello son de nuevo los vecinos del Cabanyal -y Valencia en general, qué demonios-, que van a ver cómo, si nadie lo impide y frente a su oposición generalizada (no sólo de Salvem, sino de todas las asociaciones vecinales de la zona), el Ayuntamiento derriba uno de sus edificios más emblemáticos (en el que se esperaba que el consistorio ubicara un centro social) para sumar un nuevo solar a su plan de derribo del histórico barrio.

El contraste entre el Ayuntamiento que cuida y el que ataca, el que posa ante el icono y destruye el patrimonio, es notable, pero percibirlo, aunque venga de largo, exige por parte de la ciudadanía un esfuerzo de seguir la actualidad y de preocuparse por el vecino antes de que el mal llegue a las puertas de la propia casa. Y eso, como sabe el gobierno municipal, lo hacen muy pocos. Para los demás va su mensaje: "los valencianos la tenemos más larga". Lo sé, es de imbéciles, pero aquí funciona.


PD: Los ciudadanos de Valencia que no deseen que éste u otros edificios emblemáticos del barrio y la ciudad sean derribados, pueden manifestar su desconformidad acudiendo este mismo sábado 8 a la concentración vecinal que se realizará ante la Casa de la Palmera (C/San Pedro, 11) a las 12 horas. Luego, si el tiempo lo permite, podrán tomarse una caña en alguna de las terrazas del barrio o comprar algo en alguna de las estupendas paradas del Mercat del Cabanyal; aunque yo les recomiendo que, ya allí, se paseen por la Calle San Pedro y la cercana Plaza Lorenzo de la Flor, para que vean con sus propios ojos el abandono al que Rita Barberá somete a sus vecinos -son otros, pero podrían ser ustedes- privando a un barrio, que podría ser maravilloso, de limpieza y seguridad para poder llevar adelante sus planes de saqueo. Y, si quieren, luego sigan diciendo que Rita es una alcaldesa estupenda.

Fotos: La de Barberá en la escalera la firma Fernando Bustamante para Levante-EMV. La de la policía junto a la Casa de la Palmera, la firma Mónica Torres para El País.

*La labor de la Policía Municipal en los últimos meses, ejerciendo de pitbull de su ama y de recaudadores para las arrasadas arcas municipales, está degenerando en un notable distanciamiento entre la ciudadanía y ese cuerpo de seguridad nacido para servirles. Es un legado de la política de Rita Barberá que alguien debería analizar.

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