11 noviembre 2008

Esto es un fotomontaje

Obviamente. Se dice que el rostro del conseller d'Educació Alejandro Font de Mora no se ha sonrojado ni siquiera al calor de una excesiva calefacción. Tampoco lo hizo cuando se hizo pública su irrupción en la reunión de la Academia Valenciana de la Lengua para impedir mediante amenazas que sus integrantes firmaran un documento que por milésima vez apuntaba la unidad de la lengua catalana y valenciana (y con ello se agotara una de las armas políticas que emplea su partido para agitar a los más ignorantes de estos andurriales), ni cuando calificó al catalán de "lengua extranjera". Se comenta que jamás se ha notado el más mínimo rubor en su gesto cuando se le ha recordado que, en sus cuatro años de gestión al frente de la conselleria, no ha impedido que miles de niños tengan que seguir acudiendo a clase en los centenares de barracones repartidos por los colegios públicos de la Comunitat (él heredó lo que heredó cuando llegó al cargo sucediendo a Esteban González Pons y tras nueve años de gobierno Popular en la Generalitat, se justificará).

Es lógico que, pareciendo no sentir culpa alguna por esa mala gestión, el desastre generado y las molestias causada a profesores y alumnos por plantear la enseñanza en inglés de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, sin destinar para ello recurso alguno, sólo por chulearle al gobierno del país, le parezcan un mal menor. Sin embargo, el personal está bastante harto y cada semana son más las minifestaciones que se producen por el territorio valenciano reclamando su cabeza. Ayer fueron 24 y reunieron a varias decenas de miles de personas. No obstante, no fue ése el principal problema que tuvo ayer Alejandro Font de Mora, pues fue hace 24 horas cuando nos enteramos -gracias a la labor de Iniciativa en la oposición- de que el hijo del conseller había sido elegido a dedo para ocupar una plaza burocrática con una tarea de difícil delimitación (jefe de sección de gestión interna, dicen que es), en la Ciudad de la Justicia de Castellón. Pese a todo ello, se comenta por la ciudad que tampoco hoy nadie ha visto sonrojarse a Font de Mora. De ahí el fotomontaje coloreando levemente su rostro. Motivos, parece, no le faltan.

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