13 noviembre 2008

Arderán en el infierno

Con incredulidad, pasotismo, curiosidad y devoción a partes desiguales recibió la ciudadanía valenciana la celebración, el pasado fin de semana, del congreso Valencia, la ciudad del Santo Grial, montaje de aspecto académico perpetrado ex profeso para que concluyera que el cáliz empleado y expuesto en la catedral de la ciudad es el mismo que Jesús de Nazaret empleó en la "Última Cena".

Amodorrado el personal por tan continuo envite de eventos y capitalidades, no se prestó tanta atención al sarao, y su existencia, celebración y conclusiones quedaron solo para los ojos atentos de las gentes de buena fe deseosas de que tan preciada reliquia resida en su ciudad, bien por localismo, fanatismo, afán de protagonismo o vaya a saber usted que otra triste razón. ¿Y qué vino a decirles el congreso? Pues más o menos lo que estos y los organizadores querían oír: Que no hay pruebas que desmientan -ojo, tampoco ninguna que lo confirme- que el Cáliz de la Alianza que Indiana Jones buscaba en el cine puede ser perfectamente el residente en Valencia (algo que, como no podía ser de otra manera, el diario Las Provincias no tardó en traducir como una nueva capitalidad).

Nueva medalla entonces para Camps, Barberá y el arzobispo García Gascó, de cara a esa gente de buena fe que antes citábamos. ¿Y qué más dará -pensarán- con la que está cayendo? Pues hombre, la cosa se puede dejar estar, pero no está de más señalar lo que algunos apuntaron antes del congreso, como que, para que no se llegara a otras conclusiones, no se había invitado a los más prestigiosos estudiosos del tema. O lo que hemos sabido después gracias a gente que no pasa, que es que no solo no se han traído a verdaderos estudiosos, sino que a cambio se ha vendido como experto mundial en la materia a la versión alemana de Íker Jiménez (algo que confirma hoy Levante-EMV). Vamos, que Camps, Rita y Gascó (el de la estatua de 75.0000*) no solo organizaron un congreso amañado, sino que incluyeron en él a un mentiroso profesional con la intención de que engañara a los fieles cristianos con el fin de beneficiar sus intereses político y eclesiásticos. Y si mentir de normal es feo, mentir con las cosas de la iglesia suponemos que debe ser feísimo, por lo que no está de más que los fieles sepan que, de existir, con lo del pasado fin de semana president, alcaldesa y arzobispo se abrían ganado su plaza para arder en el infierno.

A mí no me miren, que yo no he inventado las reglas.

*Efectivamente, como me comenta un lector, aquí sobraba un cero. Tras unas llamadas aquí y allá me lo confirman, la cifra de la estatua en vida al arzobispo debió rondar la cantidad sin el cero extra. Que no es moco de pavo. Ya saben, lo primero los necesitados.

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