10 octubre 2008

Yo me bajo

A lo largo del día de ayer, al menos en dos ocasiones me vino a la cabeza un libro, Nosaltres ex valencians, que no he leído, pero cuyo título -que juega obviamente con el del clásico ensayo de Joan Fuster- sintetiza muy bien el desarraigo que siento con la realidad social de la tierra en la que nací, vivo y a la que tan pegado me he sentido siempre. Y es que el 9 de octubre, el día de la Comunitat, es el marco propicio para que se concentre toda la banalidad y el artificio en que ha transmutado la sociedad valenciana en los últimos años, avanzada en un proceso por el que, no lo duden, parece que irá pasando el resto del país.

Aquí, la lucha de símbolos como instrumento para malear las mentes más sencillas, que en los últimos años se está tratando de poner en marcha a nivel nacional con relativo éxito (manifiestos en defensa de la lengua "común", confección de banderas de dimensiones brutales, buscar letras para al himno nacional, y demás sandeces), lleva décadas funcionando (desde que a finales de los setenta un reducido grupo de políticos mediocres descubriera que, generando una batalla artificial de signos contra un enemigo externo -Cataluña y los catalanes-, podía aglutinar a su favor el apoyo del pueblo más llano) y su calado es tal, que algunas de sus consignas ya son asumidas con normalidad por la mayoría de la sociedad valenciana.

No obstante, el problema principal no es a estas alturas el triunfo de ese discurso, sino que parece que la escasa oposición que queda a los impulsores de esa arraigada maniobra de distracción, en lugar de dedicarse a trabajar por desenmascarar lo que hay detrás de la cortina de humo, parecen más empeñados en avivar el fuego. Así no había pasado media mañana cuando ya teníamos la batallita de banderas montada, propiciando ligar aún más a los que mandan con toda la simbología que, querámoslo o no, es comúnmente aceptada por la mayoría de nuestros vecinos (sí, neonazis incluidos). Este incidente, unido a nuevos actos de patrimonialización de los símbolos (para honrar al conquistador Jaume I se organiza una cabalgata millonaria en exclusiva, pero "seguir construyendo futuro", tan solo un día después de que un símbolo del presente y del pasado reciente de la Comunitat, como Lois, anuncie que baja la persiana y despide a todos sus empleados. Y aquí, el 9 de octubre, y el 10, y mañana, no pasa nada, porque el personal sigue, entre otras cosas, discutiendo por banderitas o mirando cabalgatas ante la mirada risueña de los que mandan (y que como les digo y creo que saben, están tratando de importar a escala nacional). ¿Dan o no ganas de bajarse?

*La foto la firma Iñaki para Público.

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