04 octubre 2008

Puro morbo

Para sus "informativos" querría Pedro Piqueras a los reporteros de Callejeros. A buen seguro que no deslucirían en Telecinco.

No soy espectador habitual de televisión, pero anoche, impelido por las numerosas advertencias recogidas en numerosos medios de comunicación (no sólo en los de la misma empresa matriz), de que lo que se nos mostraría sería un documento de primer orden, me senté ante la programación que Cuatro tenía preparada. El menú anunciado: un primer reportaje sobre el aumento de la maternidad entre menores de edad y sus dificultades, y de postre, un especial de Callejeros sobre el uso de las drogas que hacen actualmente "nuestros jóvenes"; temas ambos sin duda importantes, aunque evidentemente proclives a ser tratados desde el morbo.

Sin embargo no fue desde ese punto, sino desde el del mero espectáculo, como se trató el primer asunto. Nada de hablar de cómo se llegó al embarazo, nada de rememorar cómo se alcanzó la determinación de tener al bebé, nada de ver la implicación que padres y educadores habían tenido a la hora de educar a los jóvenes progenitores... nada. El programa realmente era un reality -no sé si de una única entrega o tendrá continuación, porque era un peñazo y no lo vi entero- en el que se había juntado en una casa a las jóvenes madres -los padres tenían una presencia fugaz- con sus bebés y un grupo de monitoras. Cámaras ocultas, planos a cámara lenta, virados a blanco y negro, músicas estridentes para enfatizar los momentos dramáticos... patéticamente morboso.

Segundo plato. Como siempre -que lo he visto, por lo tanto imagino que será así habitualmente-, Callejeros desgrana en un breve de uno o dos minutos, el resumen de su contenido: jóvenes mascachapas, carne de cadena de montaje o de peón de obra -sobre su trabajo se ha erigido la bonanza económica de España en la última década-, drogándose a las puertas de discotecas de polígono y exhibiendo sin pudor su material. Lo que muestra es tremendo, pero cuando empieza el programa, en lugar de abrirse el objetivo para analizar el tema en profundidad -sería lo lógico si se quiere hablar de drogas y juventud, que se viera su influencia en más espectros sociales (institutos, universidades, degustadores de otras ofertas de ocio, yo que sé, es un tema que tiene múltiples vertientes a tratar)-, a lo que asistimos es a la versión extendida de esos dos minutos: una exhibición de bolsitas con polvos de dudosa composición exhibidos con orgullo por sus propietarios, que se muestran sin pudor muchas veces ante la cámara animados por el influjo de las drogas consumidas y, como se pudo ver, porque éstas eran del programa Callejeros, uno de los que, según declaró más de un filmado, es uno de sus favoritos.

¿Cómo no iba a serlo si, en aras de una supuesta objetividad, los periodistas que acompañan al cámara no sólo simulan no valorar lo que se muestra, sino que además animan a que el filmado siga a lo suyo -"ale, ale" dice la presentadora con tono de admiración al que se mete unas rayitas- para poder exhibirlo a los espectadores? Eso no es periodismo de denuncia (pues no denuncia nada, y tanto puede sentirse el protagonista del reportaje atacado como alabado, como ayer mismo se pudo ver), ni muestra una realidad en profundidad (pues dos minutos suponen lo mismo que cincuenta diciendo lo mismo), ni es objetivo (desde el mismo momento que se monta y se buscan los momentos más pateticos de los interpelados, la imposible objetividad que da aún más lejos). Es periodismo del morbo, de cloaca o canalillo (si salía un escote ayer, ahí enfocaba la cámara, al igual que si entran en una casa lo primero que enfocan es la taza del váter), pura bazofia que apela exclusivamente al morbo del espectador y no trata de suscitar ningún debate. Lo tremendo del asunto es que este programa no para de recibir premios y cada vez más gente entiende que eso es buen periodismo. ¿Cómo se arregla eso?

Publicar un comentario