24 octubre 2008

¿Por qué no con Ryanair?

El runrún venía sonando desde hace tiempo, pero no ha sido hasta hoy cuando Ryanair ha puesto fecha definitiva al cierre de la base que mantiene en el aeropuerto valenciano de Manises. A partir del 4 de noviembre la aerolínea de origen irlandés mantendrá sus ocho destinos más rentables desde y hacia Valencia, pero retirará los que unían a la capital del Turia con otras nueves ciudades europeas, y dejará de utilizar este aeropuerto como una de sus sedes, lo que significará la huida de más 700 puestos de trabajo y, hasta que alguien se anime a sustituirla, de unos 700.000 visitantes (según cifras de tráfico con Valencia ofrecidas por la compañía).

El motivo, según apuntan los responsables de Ryanair, ha sido la "negativa" de algún representante del Consell de sentarse a hablar de alguna ayuda para la permanencia de la sede valenciana. La Generalitat, al anuncio de hoy de la compañía, replicó en voz de la consellera de turismo, que no habían encontrado en ella "sino ultimátum y unas maneras de negociar que no son las maneras en este ningún ámbito". Lo cierto es que no cuesta mucho encontrar precedentes acerca de ilícitas subvenciones a la compañía de bajo coste o decisiones controvertidas por parte de sus dirigentes acerca de la ubicación de sus líneas. Sin embargo, choca el oscurantismo y la rotunda negativa con que el Consell ha tratado a los dirigentes de una compañía que, en el caso valenciano, ha arrojado unas cifras francamente positivas.

Y es que uno no ve del todo lógico que, si se emplean alrededor de 100 millones de euros (seguramente más) en la Copa América para que traiga turistas con un resultado bastante desalentador (y la repetición se había cerrado con 130 millones, gastos aparte); o no duelen prendas a la hora de gastarse más 60 millones de euros en construir un circuito urbano de Fórmula 1 (hasta que alguien los pague, que a saber si llega ese día, los hemos pagado nosotros) que difícilmente habrá generado los mismos puestos de trabajo estables; el Consell sea incapaz de sentarse -simplemente sentarse- a ver qué es lo que quieren los señores que hacen posible que vengan a la ciudad alrededor de un millón de turistas al año (la mayoría de los cuáles, no se equivoquen, vienen por lo barato que les resulta el vuelo, no por otra cosa). Y si encima aprovechan la nota de Ryanair para anunciar que ya están negociando con otra compañía -lo que supone darle algo- para que la sustituya, pues díganme ustedes qué puede pensar uno. Desde luego, lo que falta en esta historia es transparencia. E interlocutores igual de transparentes.

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