13 octubre 2008

Nos tratan como mendrugos y parece que lo somos

De la crisis económica que nos rodea se han aireado tantos desbarajustes cometidos en los últimos años, que es difícil encontrar el origen concreto. Sin embargo, en el caso español, es indudable que buena parte de la deriva negativa que está acabando con numerosas empresas y con centenares de miles de personas en la calle -lo de la bolsa es otro cantar-, es de la excesiva dependencia del tejido empresarial español (con la connivencia del Estado y las comunidades autónomas) en el sector de la construcción. Durante años se construyó más de lo necesario, se silenció el crecimiento de esa burbuja que construía por encima de la demanda, y se posibilitó un mercado especulativo ficticio a costa del encarecimiento de un bien de primera necesidad; todo lo cuál desembocó, hace cosa de un año, en el estallido de la enorme burbuja -aunque su onda expansiva seguirá causando desperfectos durante bastante tiempo- que ha dejado España plagada de viviendas nuevas vacías y otras tantas a medio construir.

De ese estropicio, con sus podredumbres derivadas bien enraizadas en el tejido empresarial estatal, ningún gobernante, presente o pasado, ha asumido parte de su culpa. Bien parece que, habiendo muchos que señalaron tiempo atrás que la tarea de enladrillar hasta el último recodo del país no conduciría a buen puerto, algún gobernante de los que han mandado se podría haber hecho eco de los indicios e impulsado otros rumbos. No obstante no fue así, la actualidad nos muestra el precio del desmán, y la ciudadanía asume su parte de culpa, no exigiendo a sus gobernantes que no hubieran vivido tan en Babia como ellos. Es lo que hay.

Sin embargo, que cuando estamos todavía empezando a sufrir los daños de la debacle constructora, un gran número de gobernantes del país se atreva a proponer que la solución a la crisis pasa por más construcción, y a los ciudadanos les resbale tener a semejantes sinvergüenzas por gobernantes, es algo que sin duda alarma, pues deja bien a las claras el nivel de aturdimiento de la mayoría de nuestros vecinos y su nulo conocimiento de los más mínimos conceptos que rigen nuestra vida diaria. Viendo esta tendencia, que va al alza, es normal que desde algunos partidos políticos no sólo se favorezca la objeción a Educación para la ciudadanía, sino en breve también a las Matemáticas, Historia y Literatura. Habrían conseguido formar así a sus votantes perfectos.

NOTA: No debería ser necesario señalar los motivos de por qué la propuesta de la FEMP no es más que una tomadura de pelo y un insulto a la ciudadanía, pero apuntaré la principal. Los ayuntamientos, si piensan en el bien del ciudadano, construyen VPO cuando está subiendo el precio de los pisos, pues el aumento de oferta supone la ralentización de la subida. Hacerlo cuando los precios están bajando (o debieran) y hay un exceso de vivienda construida y a medio construir que no encuentra comprador, además de innecesario y perjudicial para las constructoras honestas (las que no cotizan en bolsa, ni se anunciaban a diario en los periódicos) que tienen pisos sin vender, apunta a otros oscuros intereses. ¿Cuáles? Que cada uno saque sus conclusiones. No obstante cabe recordar que muchas administraciones subieron estos últimos años el precio de las VPO -que no obligaban a construir- porque, aseguraban, "si no las constructoras que las hagan no ganarán nada", consiguiendo que éstas no estén ya al alcance ni de los que deberían ser sus beneficiarios: los que menos tienen. Por otro lado, este tipo de vivienda oficial no acaba, en la mayoría de los casos, construyéndola cualquier constructora sino, paradójicamente, alguna de esas "grandes", causantes en buena parte, del gran batacazo que padecemos. Obviamente, "nuestro bien" no parece precisamente la primara de sus motivaciones.

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