22 octubre 2008

Ni estamos, ni (a este paso) estaremos

Es la simpleza de la jornada. Desde que ayer por la mañana el internacionalmente populachero Sarkozy -porque en su país la mitad de la población está hasta el gorro de sus muestras de cara a la galería y sus escasas muestras de trabajo interno- anunciara la necesidad de reunir al G8 para tratar la crisis económica mundial, no sé a santo de qué, en este país no se habla de otra cosa que de la no presencia de España en la reunión deseada por el presidente francés y actual príncipe de la cucamona. De nuevo, para no enfrentarse a la historia, escuchamos todo tipo de explicaciones (que si "con Zapatero no pintamos nada", que "deberíamos estar por derecho propio", etc.), pero nadie se atiene a explicar, no ya de lo poco que sirve el G8, sino sus simples orígenes e intenciones. Porque sencillamente explicando que el grupo lo formaron unilateralmente los siete países que más se implicaron en la Segunda Guerra Mundial -ya como venecedores o como "alegres" vencidos- (a los que se sumó Rusia en 1998 cuando se abrió al capitalismo salvaje), con el único fin de debatir lo mejor para gestionar sus intereses financieros comunes al margen de los organismos políticos reconocidos universalmente (lo que, por otro lado, no es éticamente muy loable), quedaría todo más o menos claro.

Y si no es suficiente, uniéndolo a la situación de España entonces (un país atrasado por culpa de la dictadura) y ahora (nuestra industria más potente, consistente en poner un ladrillo encima de otro, tiene escasa o nula incidencia en la economia mundial), resulta evidente el escaso interés de los tiburones económicos de esos países en que ande un español enredando por allí. Seguramente ahí resida el punto más interesante de toda esta absurda polémica, y que ninguno de los ahora heridos en su españolidad apunta para que se pueda sacar algo provechoso de todo esto: que señala que somos un país económicamente atrasado, cuya industria y cuyo mercado no tienen peso internacional (estos países poderosos sí llaman a las llamadas economías emergentes) y que cada vez es más tarde para que cambiemos de modelo productivo. Pero eso supondría realizar un ejercicio de autocrítica y, si queda vergüenza y se es valiente, ponerse manos a la obra, cuando siempre es más fácil y rentable vivir del debate eterno. No, no pasará.

NOTA: EL artículo más interesante que he leído sobre el tema lo publicó anoche en Soitu Roisa María Artal, bajo el título ¿A quién representa el G8?.

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