23 octubre 2008

Con el tío Paco vivíamos igual

Los medios afines señalan y el poder toma nota y ejecuta. Como en los mejores tiempos del franquismo. Así se vive en Valencia bajo la tutela de Rita Barberá. La semana pasada fue el boicot al acto paralelo a la llegada legal del barco de la ONG antiabortista, al que mandó a la policía municipal; hoy la prohibición de alquilar una discoteca a una fiesta vecinal cuyos intereses -los de los vecinos- no coinciden con los suyos. Nada puedo añadir al margen de lo que ya han comentado sobre el tema Andrés Verdeguer, Aurora Mora, Benet o Sergi Pitarch (cuya entrada La mà invisible de Rita me parece sencillamente magnífica), excepto señalar la vergüenza ajena que siento por la labor del periódico valenciano, que en lugar de desempeñar una discreta labor de cuarto poder, ha pasado a convertirse en el perro faldero de la peor versión del primero. Se les debería caer la cara de vergüenza. Y al ciudadano, que asiste con pasividad a semejante despliegue propio de una dictablanda bananera, ¿qué decirle? Pues quizás lo que dice el famoso cartel: mañana podrías ser tú.

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