21 octubre 2008

Así se cambian las cosas

Seguramente acabe condenado, porque desde ya hace muchos años España no da síntomas de avanzar como una democracia moderna, sino en de ir en franco retroceso. Sin embargo, por mucho -o muy poco, según se mire- que se haya hablado estos últimos días del juicio a José Antonio Barroso -el alcalde de la localidad gaditana de Puerto Real recientemente imputado por supuestas injurias a la "Corona"-, poco se ha dicho que verdaderamente haga justicia a su actitud. Porque el alcalde, que no sólo no se retracta de lo dicho -que el monarca español es hijo de un "crápula" y una persona de "naturaleza corrupta" entre otros comentarios*- sino que al contrario, ha manifestado su intención de acudir a juicio con el fin de tratar de convertir la causa en un juicio político a la monarquía española y a su estatus legal en nuestro país; el alcalde digo, se expone con ello, sacrificando su integridad y su tranquilidad personal, con el fin de obtener el que considera un beneficio común para todos. E independientemente de que se esté de acuerdo o no con sus comentarios, lo menos que podemos hacer cuando un político, en lugar de palabrería y gestos a la galería, se expone y lleva las cosas hasta el final -dentro de la legalidad- para tratar de cambiarlas de acuerdo a las convicciones que defiende, es reconocérselo. No abundan precisamente de estos.

*Es cierto que las declaraciones del político que apareccen en el artículo enlazado podría haberlas proferido de un modo (por llamarlo de alguna manera) más fino. Pero también lo es que nada de lo que apuntan es falso. Lo recogen los libros de historia, desde los más sesudos a los más sencillos -uno de los últimos podría ser Los años del miedo, de Juan Eslava Galán-. ¿Deberíamos reinventar la historia para que nadie se sienta ofendido por su pasado? ¿Tan poco saben los españoles de su historia reciente para que haya quien se alarme cuando ésta salga a relucir?

PD: Aprovecho este momento para manifestar mi repulsa a la intervención del juez Fernando Grande-Marlaska, responsable de la imputación a José Antonio Barroso, por decidir perder de nuevo su valioso -por lo que nos cuesta a diario a todos los españoles- tiempo en perseguir estas nimiedades, en lugar de perseguir a los causantes de los numerosos atentados que se están produciendo a diario y que afectan de un modo u otro a la sociedad española en su conjunto, y no a su más privilegiado representante.

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