22 septiembre 2008

Un leve halo de esperanza

Por un momento, cuando puse la radio esta mañana, sentí que algo estaba cambiando. Sonaban las señales horarias y la primera noticia que lanzaba el locutor era terrible: unos asesinos en nombre de ETA, habían acabado con la vida de un ciudadano, militar de profesión. Era la noticia principal y se daba paso a alguna valoración externa a la redacción del medio, pero tras recibir el trato destacado que merecía, la emisora continuó informando del resto de noticias que consideraba de relevancia para los oyentes en el día de hoy.

Que pasara eso me chocó, pues no era la atención habitual que se dispensa a un atentado (estamos acostumbrados a que se paralice todo), pero por otro me pareció el trato correcto, o cuanto menos coherente con las medidas que el Estado está tomando al respecto de ETA y lo que se ha venido a denominar como su entorno. Y es que si la pasada semana se procedía a la ilegalización definitiva de dos partidos políticos por considerarse parte de este grupo asesino, al considerarse -entiendo- que en el Estado español no hay cabida para partidos que representen a la delincuencia; lo más lógico es que, a partir de establecida esta situación de normalidad (etarras y simpatizantes con su "ideario" -si es que existe- igual a delincuentes), cualquier acontecimiento relacionado con este grupo de delincuentes no tenga un trato preferente, ni por las instituciones (ojo, no refiero a la hora de atajarlo), ni por los medios de comunicación encargados de informarnos.

Resulta extraño y puede resultar hasta duro, acostumbrados como estamos a la sobreexposición de estos sucesos, pero el tratamiento de estos hechos de un modo equivalente al que se le da a las acciones de grupos de extrema derecha (cuyos partidos, por extraño que parezca, nadie muestra interés en ilegalizar), además de coherente resultaría incluso beneficioso, pues al fin y al cabo estos violentos se alimentan de su capacidad de generar miedo y del eco que reciben sus demostraciones de fuerza. Vislumbré pues, pese a lo dramático de la situación, un halo de esperanza en la actitud demostrada por ese medio en particular, e incluso pensé que quizás hubiera sido inducido por alguna fuerza política. Sin embargo, a medida que avanzó el día, mis esperanzas de mejora se vinieron abajo, y a las lógicas condolencias del Jefe de Estado (al fin y al cabo, el máximo responsable de la empresa para la que trabajaba la víctima), se sumaron las de miembros de todos los grupos políticos, al tiempo que se multiplicaban los minutos de silencio, con funcionarios y representantes públicos de todo pelaje (Bono detuvo el Congreso, en mi Comunidad pararon prácticamente todos los ayuntamientos) deteniendo la marcha del país. Así los delincuentes obtenían una vez más su objetivo. Y así seguirá siendo mientras nuestros gobernantes no renuncien a sacar rédito político a su barbarie. De todos modos, hoy no quiero dejar de agarrarme a la esperanza de que la actitud que percibí al escuchar esta mañana la radio no era casual. A ver si por fin avanzamos por ese camino.

PD1: Las primeras declaraciones del hijo de la víctima tras el atentado me han emocionado. Si la serenidad que ha demostrado a la hora de mostrar su indiferencia hacia los asesinos de su padre la aplicaran políticos y medios de comunicación, el fin de ETA estaría mucho más cerca.

PD2: La radio que hoy escuchaba era la SER. Al igual que se critican los fallos, es justo reconocer los aciertos.

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