13 septiembre 2008

Las reglas del juego

Seguro que no les resulta difícil recordar lo malo que era el gobierno catalán hace un par de años, cuando no podía evitar la pérdida de empleos y la deslocalización de las fábricas de algunas empresas internacionales hasta entonces ubicadas en su territorio. Al gobierno del tripartito se le daba para el pelo por la creciente pérdida de puestos de trabajo, aunque los argumentos para culpabilizarles eran vagos (estar centrados en el Estatut, era uno de los favoritos) y las razones que se extendían por los artículos (la fundamental, que la producción en España es más cara que en Estonia, eligiendo al azar) apuntaran a las causas reales.

Ahora, con la (macro)economía española a las puertas de la recesión, muchas multinacionales con factorías en España, están encontrando la excusa perfecta para justificar deslocalizaciones y despidos masivos por todo el país. Uno de los expedientes de regulación de empleo (ERE) más numerosos y que por ello más está llamando la atención en el ámbito nacional, es el de la factoría que Ford tiene en Almussafes (Valencia). La empresa norteamericana ya trató sin éxito aprovechar la reciente huelga de transportistas para poner a algunos centenares de trabajadores en la calle, pero se les vio el plumero de tal forma que la cosa no fue a mayores. Ahora sin embargo (en un clima general en el que el personal, sin entender todavía a qué se debe el fenómeno sí es más proclive a aceptarlo por ver que "pasa en todos lados") parece que un ERE que les permitirá despedir durante tres meses a 1.300 trabajadores (y que se calcula que provocará el despido indirecto de otros 2.000 empleos indirectos) sí llegará a buen puerto.

El gobierno valenciano, experto en automovilismo pero del de competición, no dice nada al respecto. ¿Habrían de acusarle del descalabro los mismos medios que en su día se ensañaron con el gobierno catalán? Hombre, si tuvieran algo de coherencia y vergüenza sí, aunque no andan sobrados precisamente ni de lo uno ni de lo otro. Pero siendo justos, ni la culpa de lo de Cataluña la tenía en exclusiva el "tripartito", ni de la de lo de Ford, el Partido Popular valenciano. Sencillamente lo que sucede es el resultado natural de un juego del que este país viene participando desde hace décadas, cuando, merced a ser un país retrasado por culpa del régimen franquista, las empresas internacionales asentaron muchas de sus fábricas europeas en territorio español atraídas por la mano de obra barata. Y lo que debería haber sido asumido como una vergonzosa "ventaja" y una fuente para impulsar industrias competitivas paralelas, fue travestido en medallas que se colgaban los gobernantes de turno. Primero se las puso Franco, pero continuaron con ello todos, absolutamente todos los que vinieron después.

"¿Reinvertir? Eso reduciría los beneficios a corto plazo que es cuando han de reelegirme" imagino que pensarían los responsables de haber reconducido aquella bonanza en un tejido que pudiera dar mayores beneficios a la larga y ayudara a que el mercado español no fuera tan dependiente de empresas extranjeras. Pero eso nunca sucedió. Y al igual que seguramente en otros países se perdieron empleos cuando se trasladaron factorías a la más tercermundista España de Franco, ahora se pierden aquí cuando los accionistas de Ford, General Motors o Braun ven que pueden hacer subir sus acciones si rebajan el coste de sus productos fabricándolos en los países de "economías emergentes". ¿La culpa es de Zapatero, de Camps, de Carod? La culpa es de todos, porque el juego del capitalismo tiene unas reglas y la obligación de todos es aprenderlas, y no quedarnos embobados dándonos palmadas en la espalda si, por causa del azar, los dados nos ofrecen una jugada afortunada.

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