29 septiembre 2008

Héroes

Una de las características más comunes de la sociedad actual es el miedo. El miedo a perder nuestro trabajo, el miedo a perder nuestra condición, el miedo a recibir un castigo... Un miedo que el sistema nos ha infligido para que temamos realizar cualquier movimiento que nos sitúe en mejor posición para afrontarlo o quizás reconducirlo. Vivimos con miedo a diario, pero cuando el miedo de alguien tiene consecuencias visiblemente negativas, salimos a exigir que el que lo tenía debía haberlo superado.

Un ejemplo reciente es el del accidente de Barajas, en el que no han faltado los dedos acusadores a los servicios de mantenimiento del aparato, que a su vez se han defendido asegurando que siempre se han visto forzados a pasar determinados puntos por alto. ¿Cuántos de esos empleados no habrán querido plantarse ante esa situación pero no lo habrán hecho por miedo a perder su empleo? ¿Cuántos por miedo a no encontrarse con la complicidad de sus compañeros? Muchísimos, pero no lo hicieron, y muchos les hemos señalado mientras en nuestros respectivas rutinas, pasábamos por el mismo aro (¿cuántas redacciones de medios de información comulgan a diario con la mentira que les mandan escribir desde los despachos de arriba para no perder sus empleos?).

Por eso, ante esta dramática situación, da gusto encontrarse de cuando en cuando con algún héroe o grupo de héroes que se sobreponen a esta tiranía del sistema y plantan cara a sus absurdos. Ahora mismo, hay unos cuantos en la Comunitat Valenciana. Se trata de los profesores que, obligados a impartir una de sus asignaturas en inglés en menoscabo de la educación de sus alumnos y solo para hacerle el juego a un partido político, se han plantado, y mientras la mayoría de compañeros se pliegan ante su miedo, han puesto por delante lo que es prioritario en su función: dar una buena educación a sus alumnos (que por cierto, en esta comunidad autónoma, líder también en fracaso escolar, la necesitan especialmente). Son héroes y merecen todo nuestro apoyo. Hagamos por lo pronto, lo que esté en nuestra mano para que se conozca lo más posible su gesto. Y seamos conscientes de que su derrota, de llegar (esperemos que no sea así), será también la nuestra.

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