11 agosto 2008

Por unas perras

Ayer por la mañana me descubrí alegrándome mientras escuchaba por la radio como un deportista español lograba una medalla en los juegos olímpicos de Beijing. Escribo que me descubrí y no el habitual "sorprendí" porque nada de sorprendente tiene que uno se contagie cuando se le muestra la alegría ajena y se le hace partícipe de ella. Es un fenómeno que nada tiene de nacionalista, aunque muchas veces se trate de utilizar para ese fin, pues seguro que habrá pocos que no recuerden una ocasión en la que, eliminado de una competición el que fuera su equipo favorito, se inclinara por otro con tal de seguir disfrutando de la prueba deportiva en liza.

Pero sí que les cuento este descubrimiento particular, porque durante las últimas semanas he sufrido angustiado las informaciones que los medios de comunicación de este país han vertido acerca de los Juegos Olímpicos. Unas informaciones que, en la mayoría de los casos, mostraban por un lado la emoción por la cercanía del evento deportivo más destacado que se celebra en el planeta, y por otro -hasta el punto de parecer rabietas aisladas o anecdóticas- las protestas dentro y fuera del país asiático por el empleo de este acontecimiento como cortina de humo por parte de la dictadura del Partido Comunista en el poder, para ocultar las constantes violaciones de los derechos humanos que ejerce desde hace décadas sobre su pueblo.

Pero como les digo, no me sorprendió la alegría. Habría que ser un superhombre para no caer en las redes propagandísticas empeñadas ahora en hacernos olvidar que el que antes era enemigo a fuer de sus violaciones a los derechos humanos de sus ciudadanos, ahora sea un amigo merced a su disposición a abrir su mercado al jamón serrano, pese a que sigue ejerciendo un control sobre su ciudadanía basado en el puño de hierro. Nada ha cambiado en China para que ahora seamos "colegas" más que el hecho de que algunos de los que tienen poder puedan sacar unas perras por su apertura al capitalismo salvaje; pero España no ahorra ni un gesto para demostrar su aprobación, y aunque Zapatero, con su habitual ambigüedad, no acudiera a la inauguración de los juegos, sí que envió allí nada menos que a los Príncipes de Asturias (vaya un trabajo ingrato el suyo) y a una nutrida representación de ministros y secretarios de su gobierno. Lo que es lo mismo (y no olvidemos que desde el COE se ha prohibido a los deportistas españoles, con el respaldo del gobierno, hacer cualquier signo en referencia a la falta de derechos humanos que padecen los ciudadanos chinos).

Mientras, la mayoría de los medios esconden (aunque estén de vacaciones, eventos como éste justifican el puntual) a los columnistas que habitualmente azuzan a gobiernos de similares características -Marruecos, Arabia Saudí, etc. e incluso a otros legítimamente democráticos y respetuosos con los derechos humanos, pero contrarios a los intereses de sus jefes- y dejan paso testimonial a otras firmas para que cubran esa cuota crítica que les sirve para revestir a sus medios de cierta pluralidad. Pero en líneas generales venden lo mismo, el supuesto intento de "apertura" de China, la exaltación de su riqueza cultural, etcétera. E incluso los hay que se atreven a dar por válidas -sin matizarlas de ningún modo- las positivas opiniones vertidas por los ciudadanos chinos frente a las cámaras respecto a su país y sus gobernantes, como si hubieran olvidado lo que podía significar en la España franquista que a uno se le identificara en un medio de comunicación dando una opinión contraria al régimen (si es que albergaba la esperanza de que esa opinión fuera a ver la luz).

Así pues, ante semejante despliegue de olimpismo y buen rollo, es normal que el más pintado olvide por un momento la vergüenza y el enorme ejercicio de hipocresía que significan estos juegos olímpicos y se deje llevar por la simpatía y el supuesto "espíritu" que conllevan. Mientras, con suerte, muchos disidentes políticos chinos podrán, como mucho (como hicieron muchos de los presos de la dictadura argentina de Videla durante el Mundial de Fútbol en Argentina del 78) , alegrarse desde la prisión de los triunfos de sus compatriotas. Algunos incluso, mientras esperan la muerte.

PD: Cabe señalar en su descargo, que El Mundo y ABC, en sus portadas del sábado (la imagen que encabeza este texto está tomada de la de El Mundo), remarcaron el factor propagandístico que conlleva para el régimen -¿se debe llamar ahora capitalista?- dictatorial chino la celebración de estos juegos. En el plano diametralmente opuesto, señalar el nulo espacio para la reflexión de los periódicos deportivos, que en ningún momento invitaron a sus lectores a pensar en el podrido trasfondo que trata de ocultar tanta competición deportiva.

PD2: Dentro de su programación, totalmente acrítica con la celebración de los juegos en China y con la postura adoptada por nuestro gobierno, RTVE emitió el pasado sábado en informe semanal un breve reportaje acerca de los juegos y su relación con la actual situación del gigante asiático. Pese a su tibieza -y que adolece de los defectos antes mencionados acerca de la fiabilidad de las fuentes y testimonios- es posible percibir en él parte del trasfondo social que se vive en el país. Si quieren verlo lo encontrarán aquí.

PD3: El gran Javier Ortiz escribió estos días dos artículos que guardan relación con lo que les he contado pero afrontado desde otras perspectivas. Son "¿Olimpismo? Más de lo mismo" -sobre el negocio que suponen estas y todas las olimpiadas- y "Mauritania y la Estrada" -sobre la hipocresía de la política exterior del gobierno español-. Se los recomiendo

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