18 agosto 2008

A golpe de ocurrencia

Simular la gobernación a golpe de ocurrencia es un fenómeno que no por más extendido resulta menos patético. En el ámbito nacional el gobierno socialista lleva un tiempo ejerciendo como su máximo exponente, capeando el temporal de la crisis a golpe de polémicas huecas -la corbata, la "miembra" o lo que se tercie- para simular la falta de ideas o la puesta en marcha de medidas directamente contrarias a los intereses de su electorado (como la supresión de impuestos a los que más -pero que mucho más- tienen como medida para paliar la crisis).

No obstante, las salidas ingeniosas no son patrimonio exclusivo socialista. El Partido Popular en la Comunitat Valenciana, espejo en el que se proyecta el partido de Rajoy después de que se lo rompiera el balear y se le resquebraje el murciano, es otro cobijo de ilusionistas de casino de tercera. Uno de sus principales baluartes es el Conseller de Educación Alejandro Font de Mora -al que cada día le calza mejor el nombre artístico de Alejandro Font De Moor con que le bautizó Solet-, que al tiempo que sigue mostrándose incapaz, desde su llegada a la consellería en 2004, para acabar con el regadío de barracones escolares que ensombrecen la educación pública valenciana, sí se ha descubierto como un maestro del engaño y la ilusión.

Primero se inventó e hizo pasar por social la medida del bono libro, que igual regalaba daba dinero para sufragar material escolar a los hijos de un parado, que a sus vecinos que llevan sus niñas al cole del Opus. Después implantó la Education for Citizenship (o algo parecido) solo por dar una coz al gobierno central y arrancar una sonrisa a su electorado menos respetuoso con la democracia (cuando no salen los suyos, por supuesto), aunque a día de hoy no se pueda asegurar con firmeza (sí con tibieza) que se pueda impartir la asignatura el próximo curso con garantías. Más tarde -el pasado mes de junio- se sacó de la manga el "bono-guardería" con el que pretendía hacer ver que todo el mundo podría acceder a este servicio, pero que finalmente sólo ha servido para que las guarderías aumentaran su precio todo el importe del bono. Y este mismo fin de semana ha soltado la última: la posibilidad de crear una red de colegios públicos donde la mayor parte de las asignaturas se impartan en inglés.

Dice el conseller que no lleva un plan a puerto, que el plan se enmarca dentro de la política de "fomento del trilingüismo" que está realizando desde su despartamento; aunque las cifras apuntan que realmente a lo que se está dedicando es al impulso de un nuevo bilingüismo, español-inglés en lugar del español-valenciano, ya que mientras dice fomentar la educación en la lengua de Shakespeare, más de 90.000 alumnos que han solicitado estudiar en valenciano el próximo curso no van a poder hacerlo por falta de plazas. ¿Vendrá Rosa Díez a solucionar este ataque a la lengua común? ¿O como la que que se impone ya no es una lengua minoritaria pasará del tema? Sería la única ilusionista que faltaría en este baile de despropósitos con que los políticos más sinvergüenzas apelan a los instintos más básicos del electorado para perpetuarse en el poder, mientras llevan a la sociedad, española o valenciana, aténganse al caso que quieran, a la deriva.

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