04 agosto 2008

Esto no es un tema menor

Mezclada entre las múltiples serpientes de verano o los asuntos temperamentales que los grandes partidos -con la maquinaria a medio gas- airean para despistar al personal de sus escasas diferencias de fondo, se ha colado una noticia que se ha tratado por los medios como un asunto menor, casi de modo residual, cuando la incidencia del fenómeno que lo motivó, hace ya siete años, cambió de un modo sustancial nuestra manera de vivir en el mundo occidental. Me refiero al posible cierre en falso de las investigaciones sobre los ataques con ántrax vía postal que se produjeron en los EEUU entre septiembre y octubre de 2001. Aquellos atentados, que costaron la vida de cinco personas e infectaron a otras diecisiete, se iniciaron tan solo una semana después del fatídico 11S, y las sospechas no tardaron en concentrarse -desde el gobierno estadounidense- en Al Qaeda, ente al que de inmediato se señaló como posible artífice de lo que no tardó en calificarse de "guerra bacteriológica". Estos ataques serían, tan solo unas semanas después, el ingrediente necesario que propició un recorte de las libertades civiles, especialmente en EEUU, donde se aprobó ese mismo mes de octubre la denominada Acta Patriótica. Después, iniciada la vorágine de la invasiones estadounidenses en Oriente Medio como "respuesta" entre otros, a estos ataques, nada más supimos por estos pagos acerca de sobre quién recaía la responsabilidad de los mismos. Hasta la semana pasada.

Y es que fue entonces cuando, escondido entre las páginas de internacional o en la sección de breves de los informativos, se mencionó que en EEUU se había suicidado el principal sospechoso de los atentados: Bruce Irvins, un microbiólogo estadounidense que había trabajado durante 18 años en un laboratorio gubernamental de biodefensa. Al parecer se le acaba de comunicar que toda la investigación apuntaba a su autoría y que la fiscalía iba a pedir para él la pena capital. Y es que, por lo visto, a las pocas semanas de los atentados con ántrax, la autoría de los mismos por parte de Al Qaeda estaba casi descartada, y no tardaría en llegar el momento en que todo apuntara a una autor estadounidense.

Ahora, el suicidio del posible terrorista, acabará casi con toda seguridad cerrando en falso un caso que fue empleado por la primera potencia del mundo para recortar las libertades civiles tanto de sus ciudadanos como de los que se relacionan con ellos. El hecho de que finalmente el autor de los ataques no fuera el que sirvió para justificar ese recorte de libertades, ¿propiciará que se devuelvan ahora a sus ciudadanos, los legítimos herederos de los que tanto lucharon por ellas? Lo dudo mucho. En un país como el nuestro, si uno no está muy atento, casi ni se entera.

Publicar un comentario