26 agosto 2008

Del escándalo a la normalidad

No sé si les habrá resultado o no a mis vecinos, pero yo, entre las noticias relacionadas con los presupuestos destinados a la celebración en Valencia del Gran Premio de Fórmula 1 y sus actos paralelos la pasada semana, he echado en falta una ausencia. Se trata del coste que supuso el concierto gratuito que el viernes 22 realizaron en el río -hasta que la lluvia lo permitió- Gloria Estefan, Juan Luis Guerra y La Quinta Estación. Sin entrar a valorar el criterio artístico (ni político) del cartel, lo que resulta evidente es que no saldría barato. Pero no sabemos cuál fue el importe, ni quién -a costa de qué presupuestos- lo pagó, y parece que a nadie le importa (ni a los pocos medios que se suelen interesar por estos asuntos).

Quizás, la pasividad civil a la hora de plantearse este interrogante, se deba en parte a la apariencia de que el despilfarro o la supuesta malversación de caudales públicos se ha instalado en la sociedad valenciana como algo ya cotidiano. Quizás, a que los ciudadanos no se enteren de que esto sucede o simplemente crean que el dinero cae del cielo. No obstante, en la prensa valenciana no han faltado este verano los artículos denunciando importantes movimientos de capital público a empresas privadas difícilmente justificables. Concretamente, el pasado 13 de agosto, el diario Levante-EMV publicaba una información de Víctor Romero en la que desvelaba (aunque parte ya se anunció en su día) que entre el Consell y la Diputación de Valencia habían subvencionado un concierto de Elton John producido por una empresa privada el pasado año en Xàtiva con 570.000 €, y uno de Luis Miguel en Castellón con 300.000 € (solo del presupuesto del Consell). ¿La excusa? Tan burda como decir que con ellos se potencia el turismo y la imagen de la Comunitat; algo que hay que reconocer que sería así de ser eventos exclusivos o únicos, pero que tratándose de artistas que han tocado decenas de veces en nuestro país y sin subvención institucional alguna en la práctica totalidad de los casos, suena a burla a la ciudadanía.

No obstante, el despilfarro no se reduce a estos dos casos o meramente a conciertos de pop -como el que en breve traerá a Madonna a Cheste-, sino que se extiende a contenedores más elitistas, como el recién inaugurado Palau de les Arts, cuya programación operística no alcanza a recuperar, con la venta de sus tickets, ni el 12% de lo que supone su mantenimiento (casi 44 millones de euros el pasado año) a las arcas públicas valencianas. Una inversión a todas luces excesiva cuando su disfrute, por muy elevado que sea, satisface a muy pocos, además económicamente privilegiados. Pese a todo, estos gastos de escándalo -que deberían escandalizar más cuanto más alza la voz el Consell a instancias superiores diciendo que carece de recursos para satisfacer obligaciones prioritarias- son pasados por alto por la población, que con su silencio o dejadez los aprueba. Y cada vez más, también por los pocos medios de comunicación valencianos que aún miran la actualidad con cierta mirada crítica. La cosa pinta mal.

PD: Hay que ser conscientes -y mucha población no lo es- de que el actual modelo de periodismo ha generado una notable dependencia de los medios respecto a la publicidad institucional. En la Comunitat Valenciana, la administración pública gasta ingentes cantidades de presupuesto a promocionar sus múltiples "eventos" con esta publicidad, que genera a sus vez grandes dividendos a los medios que la reciben y sustanciosas perdidas (o cuanto menos una pérdida de capacidad competitiva), a los medios que quedan al margen. Las consecuencias de todo esto, estoy seguro, no hace falta que se las explique.

Publicar un comentario