06 agosto 2008

Cabanyal vivo (III): La cena en el paseo

Tras tener aparcada esta microsección un tiempo, la recupero ahora para mostrarles el que no es uno de los atractivos exclusivos de mi barrio, sino también del de la Malvarrosa: se trata de las cenas en el paseo marítimo. Vaya descubrimiento dirán, a (casi) todo el mundo le gusta cenar en un restaurante junto al mar. Pero es que es precisamente eso lo que hace especial las cenas en las playas colindantes con el Cabanyal y la Malvarrosa, que no se realizan en restaurantes. Bueno, sí, los restaurantes están ahí, pero como apostaron por trabajar casi exclusivamente los meses de verano -excepto los del paseo Neptuno- y cerrar todo el invierno, sus precios son por lo general desorbitados; por lo que los vecinos, que lo saben, han mantenido la antigua tradición de cenar en la playa aunque ahora sin pisar los restaurantes.

Es así como, durante estos meses de más calor, cuando empieza a oscurecer, decenas de familias y grupos de amigos, pertrechados con mesas y sillas plegables, además de neveras y cestas llenas de viandas y bebidas, ocupan prácticamente todos los bancos del paseo para disfrutar de una plácida tertulia al fresco de la brisa del mar. Se trata de una imagen común en las playas más vírgenes, pero extraña en las urbanizadas. En Valencia pervive como tradición, pues antes del actual paseo marítimo convivían los chirtinguitos con los merenderos y las familias del barrio acudían a ellos mientras el tiempo lo permitía. Ahora no existe el vecino que no haya participado en una conversación en la que se añoren los tiempos pasados y se lamente el mal empleo de los chiringuitos de obra de la playa, que, con precios excluyentes pensados para visitantes ocasionales, no sienten ya como suyos. No obstante, han encontrado un modo de seguir disfrutando de las cenas en su playa, que constituyen al tiempo un placer y una pacífica reivindicación. Y que alguien se atreva a prohibirlo. ¿Se unen?

"Preferiría que me sirvieran, pero aquí se pasan" me comentaron estos amigos, que se prestaron a ser retratados en pleno ágape. Como verán, he respetado su anonimato, pues seguro que hay alguna ley que de alguna manera impide hacer esto. Eso sí, si Rita toca esto, sí se monta la revolución en el barrio.
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