21 julio 2008

La monserga

  • Empieza la semana y lo hace, en el plano político, igual que acabó la anterior (y la otra, y la de más allá): con la crisis en boca de todos. No es sorprendente, la situación es preocupante y lo requiere, tanto la atención de los medios como la preocupación de los políticos. Sin embargo es alarmante ver lo poco con lo que nos engañan los segundos y los pocos peros que les ponen los primeros. Hoy Rajoy repetía la intención del PP de "ayudar al gobierno" si se deja y que lo hará mediante un plan de medidas que planteará al presidente del gobierno en la reunión que mantendrá con él el próximo miércoles en la Moncloa. A esta propuesta, respondía poco después el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, diciendo que no "aceptará recortes sociales" ni aplicará decretazos. Con ambas declaraciones, por lo visto, los periodistas recogieron los bártulos y se dirigieron a sus respectivos medios en los que toda esta nadería se exprimirá al máximo para reforzar la fe en los suyos de los simpatizantes de uno y otro partido. Pero, y aquí llega el fallo de los terceros, que somos los ciudadanos, ¿cómo podemos confiar en esta gente? ¿Cuándo ha dicho el señor Rajoy, señor Blanco, que iba a proponer recortes de ningún tipo? ¿Por qué responde con una invención cuando lo lógico sería preguntarle ya por cuáles son esas medidas? Porque ésa es la segunda: si al señor Rajoy le preocupa el bienestar de los españoles ¿cómo es que reserva sus magníficas ideas parea dentro de unos días? ¿Por qué no las propone de una vez? ¿Es más importante escenificar un disgusto el próximo miércoles y que sus supuestas medidas queden entre ustedes? Todo eso, por no reiterar lo que habitualmente señalo en estas páginas: si el PP dispone de una fórmula mágica, ¿cómo es que no la aplica en las comunidades en las que gobierna -por ejemplo, Murcia y la Comunitat Valencia- que son precisamente las más afectadas por la crisis? Los simpatizantes de unos y otros verán diferencias irreconciliables -que los medios afines de unos y otros se preocuparán de subrayar e incluso inventar- pero tras la palabrería queda la evidencia de las políticas aplicadas. El modelo es prácticamente el mismo.

  • Mientras, en la Comunitat Valenciana, la monserga es otra. Pese a ser colíderes -con Murcia- en la generación de parados, para los gobernantes valencianos la crisis no va con ellos. Su función es gastar en grandes eventos y luego, pedir más. La monserga de este año -la del años anterior fue la Copa América, que no evitó que aquí ya aumentara el número de desempleados, mientras en el resto de España todavía bajaba- es la Fórmula 1. Aunque falta un mes para su celebración, este fin de semana ya hay unas carreras de competiciones menores que provocarán que durante el fin de semana se cierre el acceso a los barrios que rodean al circuito, algunos de ellos de los más abandonados por las autoridades locales. Cuando se acerque la carrera se cerrarán durante una semana. En estos barrios el personal está muy mosqueado, pero como ya sucedió con la America's Cup, sus quejas van a quedar prácticamente silenciadas, pues la Generalitat ya se ha preocupado de comprar silencios en forma de espacios publicitarios en los escasos medios que ponen algún pero a sus políticas. Y ya saben cómo funciona eso (hay medios que aún no han puesto en duda el fracaso de la America's Cup ante la remota posibilidad de que se les vuelva a beneficiar de nuevo en una futura edición con la publicación de suplementos náuticos que lo más que servían era para forrar los cajones). Esto va a ser agotador.

    En la imagen (mangada a tope de Malva-Rosa Connection -atentos a esta entrada-) nuestros gobernantes brindando con dos de los que se los llevan calientes por la celebración de la prueba de Fórmula 1 en Valencia. Ellos tienen motivos para sonreir, pero los políticos, ¿en qué estarán pensando? ¿En nosotros?
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