05 junio 2008

Un gran paso

Ayer el Ayuntamiento de Valencia anunció una excelente medida y sólo cabe que señalarla y aplaudirla. Se trata del anuncio de la puesta en servicio, a principios del próximo año, de un red de préstamo municipal de bicicletas, como los que ya funcionan en otras ciudades de España. Un servicio en el que sus usuarios, mediante el pago anual de 18 €, podrán disponer de las bicicletas como medio de transporte público, es decir, para emplearlas durante breves espacios de tiempo recogiéndolas en un punto de la ciudad y depositándolas en otro. Por lo pronto, el modelo de funcionamiento anunciado es similar al que tan buenos resultados está ofreciendo en Barcelona y Sevilla, y sólo cabe esperar a que la red de puntos de recogida y depósito de bicicletas sea tan extenso como en esas ciudades. Por lo pronto se anuncian 250 bases y 2.500 bicis (un número superior al que sirvió para poner en marcha el servicio en Sevilla) por lo que uno no puede más que alegrarse de la iniciativa y felicitar al consistorio por el paso dado, esta vez sí, a favor del transporte público.

PD: Sí, la red de carril bici en la ciudad es caótica y escasa, y hasta ahora ha sido muy habitual (recientemente se ha multado a ciclistas que circulaban por la acera) el maltrato a los ciclistas en la ciudad. No obstante, esta medida ilusiona y va a tener que ir acompañada, forzosamente, de más de un cambio de actitud hacia este vehículo por parte de la ciudadanía y de las autoridades. No creo, por tanto, que sea momento más que de celebración.

ACTUALIZADO 18:03
Gracias a Jordi, un lector que ha dejado un par de comentarios en esta entrada, he podido conocer esta entrada del blog Aglarond acerca de las consecuencias que puede tener una mala gestión de este servicio, concretamente en el caso del de Barcelona. Obviamente, el servicio puede plantearse mal o abandonarse tras su inauguración, pero de un buen gobierno se espera que haya aprendido de los aciertos y los errores de los demás, y que con ello plantee un servicio más avanzado. No sé a qué puede deberse tanta desconfianza acerca del buen hacer de nuestras autoridades (la ironía acaba aquí).

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