17 junio 2008

¿Nos quieren tontos?

La pasada semana los españoles se agolparon ante sus televisores, pero no solo para ver las tontadas habituales, sino también para tratar de informarse acerca de la tan cacareada "huelga" de transportistas. Claro que, como informase y televisión son términos cada día más incompatibles, la consecuencia derivada de esa sobredosis de "información" fue la patética imagen de una población que, como pollo sin cabeza, se lanzaba a acaparar alimentos y combustible quizás en la creencia de que nuestra sociedad tocaba a su fin.

Obviamente no era así y no pasó absolutamente nada que no fuera de prever, pero todo el suceso muestra bien a las claras el grado de desconocimiento por parte de la mayoría de la población española de los mecanismos que rigen la sociedad y el mercado actual, y que determinan, entre otras cosas, por qué la economía española se encuentra en la situación que está. Y esto se debe en gran parte al esfuerzo -si se le puede llamar así- que los gobiernos de nuestra actual democracia han hecho para confundir a la población. Ante esta situación, al gobierno -que se las va a ver duras durante los próximos meses porque durante muchísimos años aquí se ha vivido de acuerdo al peor de los sentidos del carpe diem- se le presentó la primera oportunidad preciosa para comenzar a rectificar los errores del pasado y explicar a la gente, agolpada ante las pantallas, cómo funciona la economía. ¿Cómo? Dejando caer en sus declaraciones, frases sencillas como "los salarios son bajos porque los trabajos no son cualificados"; "hay crisis porque durante décadas España no ha apostado por fabricar productos competitivos y sí por juntar ladrillos"; "las empresas se van del país porque hay otros que aún cobran menos que vosotros"; "el pelotazo implica riesgos y el Estado no va a asumirlos" o "los fondos públicos no son para beneficiar intereses privados", por nombrar solo algunos conceptos básicos que la gente debería saber y, créanme, no sabe.

Sin embargo el gobierno no aprovechó la ocasión (excelente para sus intereses por otro lado, pues la legislatura acaba de empezar y es sabido que la gente acaba olvidando estas malas noticias). Quizás lo hagan en breve, sería lo lógico. O quizás no, porque, pensando mal, si la gente entendiera lo más mínimo de economía seguramente no toleraría que se siguieran planeando -y posiblemente aprobando- muchas medidas que suponen beneficios para muy pocos y perjuicios para muchos (como la ampliación del horario laboral a 65 horas, que se va a votar en la Eurocámara después de que el ministro español Celestino Corbacho se abstuviera en la comisión que la aprobó, y que en este siguiente paso contará con el respaldo del Partido Popular Europeo). ¿Ustedes qué opinan? ¿Nos querrán tontos?

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