08 junio 2008

Lectura: "La lógica oculta de la vida", de Tim Harford

Hace poco más de un año, el joven economista británico Tim Harford vio como España también sucumbía al pelotazo editorial que supuso su ensayo de debut, El Economista Camuflado. Siguiendo la estela del superventas de Steven Levitt y Stephen J. Dubner Freakonomics, su obra explicaba, en un lenguaje asequible, cómo la economía capitalista influía y regulaba algunos llamativos o curiosos sucesos de nuestra vida diaria y cómo, conociendo sus mecanismos, podíamos mejorar nuestra posición a la hora de manejarnos en ella. Ahora, tras aquel éxito de ventas, Harford regresa con una segunda entrega, La Lógica Oculta de la Vida (Temas de Hoy, '08) en la que promete demostrar que todas las decisiones humanas se pueden explicar desde un punto de vista económico.

Como en su anterior obra (de la que ya hablé aquí), Harford se sirve de varios ejemplos llamativos para captar la atención del lector. Y empieza, desde luego, pegando fuerte, al elegir el extendido rechazo entre los clientes de la prostitución a ponerse preservativo -pese al grave riesgo que conlleva-, como argumento para explicar el eje central del libro (el de la "decisión racional"). Esta entrada seguramente supondrá un gran punto de interés o enganche para los lectores que se encuentren con el autor por primera vez, aunque es inferior al de su anterior entrega y además, menos acertada en el ritmo, pues frente al increscendo de El Economista Camuflado, en el nuevo libro el autor se zambulle más rápido en materia. Y, como le sucedió en aquél, en La Lógica Oculta de la Vida también acaba el argumento inicial disolviéndose conforme avanzan las páginas. Pues a penas tras el tercer capítulo -cuando se acaba de explicar la teoría de juegos- los siguientes son como grandes reportajes agarrados con pinzas, con el nexo común de que se trata de sucesos en los que las "decisiones racionales" tomadas inconscientemente por colectivos de individuos determinan algunos fenómenos sociales.

No quiere decir eso que a partir de entonces el libro no sea interesante. Al contrario, algunos de su mejores momentos llegan después; habiendo alguno, como el dedicado a la segregación racial en los barrios o a la xenofobia en el ámbito laboral, francamente reveladores; aunque haya que matizar la aportación del autor, que se limita a hacer en muchos de ellos -que no es poco- una brillante selección de fuentes (eso sí, referenciadas de un modo incómodo en las últimas páginas del volumen). Sin embargo, el global me vuelve a transmitir la sensación de cajón desastre, de obra inconclusa o carente de cuerpo, que ya me proporcionó la anterior entrega del autor, aunque esta vez sin la velada defensa de las bondades del sistema capitalista que aquel contenía. De ese modo La Lógica Oculta de la Vida deviene a mi entender en una entretenida sucesión de fenómenos actuales explicados desde una óptica económica, aunque sin la profundidad y el empaque que la convertirían en una obra de referencia.

* En la foto, Tim Harford (retratado por Fran Monks).

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