27 mayo 2008

La apatía

Cuarenta años después del famoso Mayo del 68 (en mayúsculas, como una marca), todos los medios españoles recuerdan aquella efeméride, parece que con nostalgia, aunque yo me atrevería a decir que con cierto oportunismo. Se trata -como en el caso musical que recientemente vimos con Dylan- de reivindicar una figura o un hecho dotados de una aureola revolucionaria, pero que ya no supone ningún peligro para el sistema del que esos medios forman parte y cuyo funcionamiento fomentan a diario. No sé en Francia cómo habrá sido recordado el aniversario, pero no me extrañaría que no se le hubiese dedicado un espacio, pese a ser su país el protagonista, mayor que el recibido en la prensa española.

Y digo que no me extrañaría porque en el país vecino la calle es usada por los ciudadanos como una expresión de fuerza para mostrar su malestar a la que se acude no ya cuando el gobierno de turno toma una mala medida, sino ya directamente cuando simplemente la plantea. Por eso, celebrar aquellas fechas (que tan bien explicó recientemente en su blog Félix Soria) para los franceses debe ser algo menor o, sencillamente, un autohomenaje, pues allí, mediante la calle (cuya presión ha experimentado recientemente Nicolas Sarkozy) no han dejado de producirse logros durante los últimos años. Pero, ¿y en España?

Las manifestaciones clamando contra la decisión del gobierno de intervenir en la ocupación de Irak de 2003 fueron un hito al unir a españoles de todos los signos políticos, aunque no lograron cambiar la decisión del gobierno de la nación. Y al margen de ésta poco más alcanzo a recordar*. ¿Por qué sucederá esto en España? Quizás la instrumentalización de la calle en los últimos tiempos haya sido la puntilla para acabar de percibir las manifestaciones y las huelgas como un instrumento sano y libre de demostrar la discoformidad del pueblo con sus gobernantes; aunque tampoco habría que descartar la pérdida de fe en sus posibilidades tras los sucesivos fracasos obtenidos en pretéritas movilizaciones -se ha flexibilizado el despido, se han reducido las prestaciones sociales, lo público cada vez está en peor estado-; así como el tratamiento informativo que a muchas se dio en su día (es histórica la imagen que quedó en la mente de los españoles de las huelgas estudiantiles de 1987 en la figura del 'Cojo' Manteca).Sea como fuere, uno no deja de mirar con cierta envidia como los franceses salen en masa a las calles en defensa de lo público o para frenar la implantación de medidas que sólo favorecen a unos pocos intereses (el CPE en España nos lo habríamos comido entero) . En cambio, en España, durante los últimos años, unos pocos, con el beneplácito de dos gobiernos de distinto signo, han especulado con un bien de primera necesidad hasta ponerlo lejos del alcance de la mayoría; en últimos meses los productos de la cesta de la compra han visto incrementado su precio en porcentajes que en ocasiones rozan el 30%; ahora el gobierno amenaza con aumentar la factura de la luz un 11%; recientes casos han puesto de manifiesto que el abandono del sistema de justicia de los sucesivos gobiernos lo han sumido en el caos... Y nadie dice nada. En Francia, por mucho menos, no cabría un alfiler en la calle. Nuestra apatía sí merece unos cuántos reportajes, pero no tiene quién la escriba.


*Nací en la década de los setenta, con el dictador ya muerto y enterrado. Quizás alguno de ustedes pueda ayudarnos, a los de mi generación y a los más jóvenes, a conocer algún hito español, si es que lo hubo, en esta faceta de la vida democrática.

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