22 mayo 2008

Estos días estoy terminando de leer "La lógica oculta de la vida", el segundo libro del economista Tim Harford, que la gente de la editorial Temas de Hoy ha tenido la gentileza de remitirme a pesar de que no dejé precisamente en un excelente lugar su exitoso predecesor, "El economista camuflado". Harford y yo no compartimos la misma opinión respecto a algunas cualidades de la economía globalizada, pero no por ello dejo de leerle, porque es escuchando también a aquel con quien discrepas, como puedes ampliar tus puntos de vista y descubrir y corregir los errores propios.

Del libro ya les contaré en breve, cuando lo haya completado, pero si lo cito ahora es por el punto de partida de su séptimo capítulo, titulado El mundo es puntiagudo. En él, Harford trata de resolver el misterio de por qué, la ciudad de Nueva York es un polo de atracción tan grande para trabajadores y empresarios cuando, a pesar de que los sueldos en él son más altos que en otros puntos de los Estados Unidos, no lo son lo suficiente como para que compensen lo más caro que resulta vivir allí; hasta el punto de que 61 céntimos de un estadounidense medio valen tanto como el dólar de un neoyorquino. La verdad es que es un argumento interesante, aunque si Harford quiere misterio, yo le propondría que viniera a Valencia, donde lo caro que resulta vivir se ve compensado con una renta per cápita por debajo de la media española, al tiempo que crece de un modo alarmante el número de empleados desde hace aproximadamente un año por encima de la media estatal. ¿Será por los edificios de Calatrava?
Publicar un comentario