01 mayo 2008

Entretenimiento sí. Cultura...

Ayer, Público hacía historia al ser el primer diario de tirada nacional en dedicar el tema de su portada a un videojuego, y doy a su equipo la enhorabuena por ello. La actualidad es variada y nos afectan muchos hechos, la mayoría de los cuáles no aparecen en la portada de los periódicos. Ayer, seguramente la salida del videojuego en cuestión, afectó a más españoles que la salida de Zaplana a Telefónica (el cartagenero ya había afectado bastante a su paso por los gobiernos nacional y valenciano), por lo que merecía mayor tratamiento que esa otra noticia, que encabezó las portadas de la mayoría de periódicos estatales.

Sin embargo, y a riesgo de parecer carca -más que parecerlo, seguramente lo sea-, no puedo sino matizar el entusiasmo que el director de Público mostró por lo que significaba la salida del juego. Y no por este en cuestión; me da igual que el entusiasmo se vuelque en esta cuarta entrega de un entretenimiento para adultos como el Grand Theft Auto -en el que el jugador asume el rol de un delincuente- o en la popular serie Brain Training, con la que supuestamente se ejercita la habilidad mental. Ambos me parecen correctos y lícitos modos de entretenimiento. Pero de ahí a significarlos como cultura al mismo nivel que la literatura, me parece que hay un trecho, y además peligroso.

Y es que Ignacio Escolar para revestir de dignidad el mundo de los videojuegos, asimila la incomprensión y las críticas que El Quijote recibió en su época, con las que algunos lanzan sobre la violencia contenida en el juego GTA, cuando unas y otras nada tienen que ver. Pero es que además, el ejemplo pone en evidencia la causa que él quiere defender, pues mientras el libro de Cervantes en su momento sirvió de revulsivo para hacer atractiva la lectura a las masas, facilitando el acceso una cultura que estaba hasta entonces en manos de unos pocos; los videojuegos, cada vez más, facilitan realizar el camino inverso, pues constituyen un universo paralelo sin a penas relación con la realidad (no proporcionando pues, ningún arma para afrontarla), a la que muchos de sus consumidores dócilmente se deja de prestar atención. Y eso -y no la violencia que pueda haber en un videojuego- no es que sea criticable: es alarmante.

Obviamente, la gente inteligente, como Ignacio Escolar, no dejará de leer un periódico o un ensayo, para dedicar todo su tiempo libre a meterse en el mundo de GTA, pero no puede extrapolar su caso al del resto de la sociedad. Una sociedad, la española, que como ya señalé en alguna ocasión, no ve reparos para desembolsar una media de 50 € por videojuego para los niños, pero que exige que los libros de texto (a 20 € el ejemplar) los pague el Estado, porque su dinero no es para "esas chorradas". Es por eso que me parece muy bien que se hable de videojuegos, como se habla de deporte y de tantas otras cosas que nos proporcionan entretenimiento y afectan a nuestras vidas, pero no dándoles un cariz que no tienen -aún recuerdo cuando se hablaba de la "cultura del dance"-. Y menos cuando la confusión puede servir de coartada para incrementar el adormecimiento social.

PD: En otro orden de cosas, me alegro de la decisión tomada por Público, no sólo de firmar un comunicado junto al resto de medios nacionales criticando las ruedas de prensa sin preguntas, sino de directamente no acudir a ellas. A ver si cunde el ejemplo.

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