10 mayo 2008

Blasco, el frívolo

Hoy, en la edición valenciana de El País, Ingancio Zafra entrevista a Rafael Blasco ("No se puede hablar igual de la inmigración europea y subsahariana"), conseller de Ciudadanía e Inmigración, e impulsor del cuanto menos ridículo "compromiso de integración". Además de perlas como que el "compromiso" servirá para que los inmigrantes sepan que tienen "la posibilidad de expresarse en valenciano y castellano" (algo que no parece saber ni la misma alcaldesa de Valencia -que no usa el valenciano ni para decir "bon dia" o el ex presidente de la Generalitat Eduardo Zaplana, a su vez inmigrante español), el conseller deja ver en la entrevista, en un puñado de respuestas, el sinsentido de su propuesta y la intención de despertar en la población los más bajos instintos con el fin de obtener de ellos un rédito electoral:

Pregunta. El compromiso parece poner bajo sospecha la cultura del inmigrante. Parece partir de la idea de que sus costumbres, y por tanto ellos mismos, son un problema.

Respuesta. Esa interpretación es absolutamente falsa y capciosa. En el Reino Unido, a cualquier inmigrante se le hace un examen para que demuestre que tiene unos conocimientos sobre el inglés y algunas tradiciones inglesas. Y eso no se puede interpretar como un rechazo al inmigrante, sino como una fórmula para que se integre plenamente. Lo mismo pasa en Francia, Suecia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, las democracias más avanzadas. Porque los inmigrantes con conocimientos básicos de castellano y valenciano, que sepan que tenemos instituciones de autogobierno propias y unas tradiciones propias, van a tener más posibilidades de integrarse que aquellos que acaben en un gueto.

P. Lo que acaba de describir se parece bastante a muchas comunidades de ciudadanos de la UE que viven, sobre todo, en Alicante. Pero a ellos no se les pide que firmen un compromiso.

R. Yo creo que esa es una visión un poco frívola. No se puede comparar porque cuando hablamos de inmigración y de extranjeros estamos hablando de cosas muy distintas. E incluso dentro de la inmigración, no se puede hablar igual de una inmigración que viene de Iberoamérica o de los países de Europa, que de una inmigración que viene por ejemplo del África subsahariana. Los perfiles son completamente distintos. Y a cualquiera con un mínimo espíritu democrático le tendría que preocupar también que los colectivos de europeos se interesen en la realidad de la sociedad que les acoge.

Tony Alexander King es el modelo de inmigrante al que Blasco no pone ninguna pega en la Comunitat.
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