09 mayo 2008

Ayer se produjo una magnífica noticia que no me gustaría pasar por alto. Bueno, se trata de una declaración de intenciones, la del gobierno de España, que en boca de su vicepresidente económico prometió -ahora hay que cumplirlo- que el Estado no impedirá de forma artificial el ajuste en la construcción. Los constructores ya han puesto el grito en el cielo, pues esperaban que después de sablar al país, aún sería el Estado el que les mantendría funcionando el chiringuito por encima de la demanda. Ni un duro del Estado para estos espabilados. Si la construcción es un mal negocio para el país, que lo es, dediquemos nuestros esfuerzos y nuestra inversión a empresas más competitivas.
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